A 80 años de su natalicio, una anécdota sobre Camilo.

Camilo Cienfuegos

Camilo Cienfuegos

Esto que voy a contar, sucedió a finales de 1960.
A la escuela donde mi abuela daba clases, enviaron un retrato, muy bien pintado, del Comandante Camilo Cienfuegos, de dimensiones enormes. Lo colgaron en la Dirección, en la única pared que no tenía murales, tablas de control y otros artefactos que, sabemos, hay en cualquier dirección escolar primaria. Frente al cuadro, sin proponérselo nadie, quedó el pupitre donde se sentaban los estudiantes castigados que las maestras llevaban desde las aulas.
Una vez trajeron a una niña con los moños desechos por una pelea y la sentaron a “hacer líneas”, en el pupitre de la Dirección. La directora trabajaba en su buró, observándola de vez en vez, hasta que la empezó a notar intranquila.
-¿Qué sucede?
-Nada, Señorita.-contestó ella quedamente.
Continuó su labor, pero se percató de que la muchachita miraba nerviosamente hacia el retrato que tenía enfrente, mientras interrumpía a ratos su escritura.
-¿Puedes decirme qué pasa?- Volvió a preguntar suavemente la directora.
-Nada…- susurró ella con un hilito de voz.
Otro rato transcurrió, hasta que la directora se levantó de su puesto y anunció a la educanda:
-Voy a salir un momento, vuelvo enseguida….-cuando fue interrumpida por la niña que, explotando de llanto corrió hacia ella y se abrazó a sus faldas.
-¡No, señorita, no se vaya, por favor! ¡Camilo está bravo y me está mirando, y yo le prometo a usted y a él que no lo voy a hacer más!
La mujer, emocionada por las palabras de la alumna, la tranquilizó y se dirigió al cuadro. Lo miró, ubicándose justo en la posición de la pequeña. La luz del sol, reflejada por las hojas de los árboles del patio adyacente, se colaba entre las persianas para dar en el cuadro y, desde el pupitre, parecía que el Héroe de Yaguajay movía las abrillantadas pupilas de un lado a otro y su sonrisa se tornaba seria a ratos.
Con lágrimas en los ojos, le pasó la mano a la niña por la cabeza y le compuso el peinado.
-No te preocupes, ya estás perdonada. Camilo sabe que te portarás bien. Yo, igual, lo sé. Ve para tu aula.
De más está decir que muy pocas veces el pupitre de la Dirección fue ocupado: todos los estudiantes sabían que Camilo vivía en el hermoso retrato, y que desde el marco compartía la vida en la escuela haciendo que todos fueran, cada día, un poquito mejores.

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