¿Libertad para mi niño? La independencia infantil

En el parque.

En el parque.

Hace poco escuché decir que a los niños debíamos dejarles abrir las alas y volar libremente. Lo más probable será que se estrellen contra la dura superficie de la tierra. Pues ni siquiera las aves entrenan así a sus hijos para el vuelo. “Hasta los leones enseñan a cazar a sus crías”, me señala una amiga bióloga.

A partir de los dos o tres años, los padres vamos observando que nuestro hijo o hija comienza a desear más y más independencia. ¿Podemos entonces concederle toda la que pida y desee?

Dicen los especialistas que concederle a los pequeños una libertad ilimitada es tan peligroso como restringírsela totalmente. Como todo en la vida, tiene su medida, y para los niños todo es interesante.

Si no se les pone coto, pueden descomponer el televisor, abrir los grifos del agua e inundar el baño, incluso pueden incurrir en acciones que traerán peligro a sus propias vidas como jugar con fósforos, tijeras, cuchillos o tenedores, y alcanzar por medios simples frascos de salfumante, alcohol, y otros químicos que se empleen en la limpieza del hogar y que pueden ser bebidos por ellos o vertidos sobre ellos mismos, ya sea por descuido y torpeza o por curiosidad simple.

Por ello, además de alejar lo más posible todos los peligros potenciales del hogar, hemos de prohibirles determinadas acciones peligrosas, y disciplinarlos si nuestras orientaciones no son cumplidas. Los hijos deben acostumbrarse a obedecernos pues, hoy puede ser un simple regaño por alzar la voz o golpear al hermanito, pero mañana podría tratarse de la rápida reacción ante un peligro, y si está acostumbrado a responder positivamente al llamado de atención de los padres, las consecuencias serán también positivas.  Sabemos del fatal accidente, bastante reciente, donde perdió la vida un niño de 3 años por desobedecer mientras cruzaba una peligrosa avenida con sus padres.

Aprovecho el tema para hacer un llamado de alerta a los padres o tutores supersticiosos que, sin pensarlo mucho, ponen al alcance de los niños peligros potenciales, como los famosos alfileres con ojitos de Santa Lucía. A una parienta nuestra hubo que operarla con pocos meses de nacida por tragarse uno de estos implementos que, según los padres, tenía seguridad. Lo vieron bajando por su tubo digestivo en los rayos X, y por suerte no le rajó las paredes y provocó una hemorragia a la bebé. Ya adulta, conserva la marca de la operación a lo largo de su torso.

Libertad e independencia: dos que exigen, ante todo, responsabilidad de padres e hijos.

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