La envidia, esa oscura semillita….

La Envidia al ataque.

La Envidia al ataque.

Así la definió Onelio Jorge Cardoso en una de sus narraciones más emblemáticas dedicadas a lectores menudos, la titulada: “El Canto de la Cigarra”, que evoca el clásico contrapunteo entre las supuestamente laboriosas hormigas, y los grillos y cigarras que “cantan” frotando sus patas para atraer a la pareja en época de apareamiento (aunque se ha descubierto que las hormigas son capaces de robar el alimento a otras comunidades de insectos y artrópodos para acumularlos como propios). En otras palabras, la confrontación entre la trabajadora clase obrera y la supuestamente vaga clase intelectual científica o artista.

Pero no es este contraste motivo de comentario hoy, sino sentimientos bajos que de ello se derivan. Pues los primeros representan la capacidad de extraer el conocimiento y la belleza del mundo, el “querer hacer” y los segundos la monotonía cotidiana, la satisfacción de necesidades vitales, el “tener que hacer”. Para los primeros todo es creatividad, imaginación y asombro constante, un reto que lleva incluso a arriesgar la propia vida en pos de la ciencia o el arte (recordemos en Cuba al insigne Tomás Romay, que, contra todo pronóstico, fue capaz de vacunarse a sí mismo, a su familia y a sus esclavos para demostrar la valía de un entonces novedoso procedimiento científico que luego salvaría millones de vidas). Para los segundos implica tedio y frustración,  carencia de horizontes “más allá”.

Nos sentimos bien con nosotros mismos y la música, según Arlene.

Nos sentimos bien con nosotros mismos y la música, según Arlene.

Sin embargo, un adagio alemán muy antiguo enlaza ambos extremos al constatar que “la práctica hace al maestro”, debido a que en toda esfera de la vida puede sentirse amor y admiración por la obra realizada, sea del tipo que sea, y puede alcanzarse así un alto grado de especialización y exclusividad, sea paleando cemento, arreglando motores, cultivando rosas o pintando un cuadro.

Personalmente siento una envidia o celo sanos cuando veo personas que hacen cosas que no puedo hacer y sé que nunca podré, porque conozco mis limitaciones. Y creo que eso me resuelve la mitad del problema. Porque la otra es, simplemente, convertir el celo en admiración y pensar: qué bueno que pueden hacer eso, qué bueno que alguien puede hacerlo, yo debo dedicarme a otra cosa, hay mucho por hacer en este mundo. Mucho de bueno, porque para lo malo siempre hay gente de sobra, no sé por qué.

La envidia venenosa nace fruto de las diferencias ostensibles entre las personas, pero también del deseo de imitación del otro, de la no satisfacción consigo mismo. Entonces hay que imitar para suplantar. Nada más descabellado.

Todos somos diferentes y nos divertimos juntos.

Todos somos diferentes y nos divertimos juntos.

En los niños las diferencias no tardan en notarse, acompañadas de bajos sentimientos, las “oscuras semillitas” a que hace referencia Onelio. La niña o el niño que se destaca en un grupo -incluso de nivel preescolar-, llaman a la envidia de quienes no pueden hacerlo. No sólo es la inteligencia, la habilidad o el talento el motivo de diferenciación, sino a veces otras cualidades más evidentes como la belleza física, el atractivo personal, características raciales o hasta la posición económica de los padres. En ciertos casos hasta la educación, el nivel cultural y la tranquilidad espiritual o armonía familiar, son causa de celo desenfrenado, aunque las dotes exteriores estén ausentes por completo.

A una vecinita nuestra, que sufre terriblemente la separación de sus padres, la acosa en la escuela una chiquilla envidiosa. Le dice motes groseros, le hala el cabello largo y trenzado, que a ella le recortan; le pisotea los zapatos para igualarlos a los suyos en suciedad;  le ha rayado la mochila nueva con la punta de un lápiz al punto de rompérsela. Todo, celando el estatus socioeconómico elevado de los padres de la muchachita y sus condiciones materiales, evidentes en su traslado en auto hacia la escuela; sin tener en cuenta el trance por el que está pasando. La maestra y la dirección de la escuela han intervenido para evitar males mayores.

A otra amiga nuestra de preuniversitario, un grupo de chiquillas molestas le calcula el promedio y compiten con ella para tratar de superarla, enredándola en chismes y cuestiones malsanas para ponerla en desventaja. En una edad donde el grupo dice la última palabra, la muchacha debe escoger el aislamiento para lograr su objetivo de estudiar una carrera científica de alto nivel.

Es triste la envidia: rebaja y esclaviza a quien la experimenta y provoca sufrimiento incomprensible a quien la padece. Llega a veces a situaciones límite, de acoso y daño incluso físico. Puede darse no sólo entre personas del mismo sexo o género, sino diferentes, cuando la causa es ajena a parámetros de ese tipo, como ventajas profesionales, académicas o laborales; status de poder y otras motivaciones similares.

Podemos convertir al gusano en una fabuosa mariposa de amor.

Podemos convertir al gusano en una fabuosa mariposa de amor.

Sugiero arar bien nuestro jardín, como dirían los iluministas, y escardar esas semillitas oscuras cada vez que las sintamos instalarse en nuestros corazones. Cuando vayamos a obrar, preguntarnos antes a nosotros mismos si nos mueve la envidia, reconocerla enseguida y desterrarla para siempre de nuestro ser. Errar es de humanos, pero rectificar es de sabios.

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