“El pato de boda”, por Teatro de la Villa, en la Llauradó.

Teatro de La Villa en la Llauradó.

Teatro de La Villa en la Llauradó.

Una original presentación tuvo en el mes de agosto el Teatro de la Villa en la sala capitalina Adolfo Llauradó, de Plaza; con la obra “El pato de boda”. Esta resultó una excelente fábula al mezclar intertextualidad, humor y música de varios géneros.

Están presentes en ella fragmentos de “El gallo de boda”, clásico infantil que se representa en todos los preescolares de Cuba y que aparece en la gustada selección de Herminio Almendros, titulada Había una vez; así como “¿Qué animal es ese?”, de la compilación que hiciera el autor ruso Vladimir Suteiev en Cuentos y Estampas. También se hace mención graciosísima al Patico Feo, de Andersen. Los chiquitines se divirtieron mucho y aprendieron la enseñanza de que no interesa parecer, sino ser. Y quien nos quiera, nuestra familia o amigos, nos preferirán justo como somos.

La música está utilizada de manera ideal para apoyar emociones y acciones. Destacó especialmente la secuencia del cisne, donde se recrea la melodía del ballet El Lago de los Cisnes, de Piotr Ilich Tchaikovski, con una elegante danza, además. Por el contrario, cuando aparece la jauría, un violento sonido tecno acompañará la persecución del pato y del gallo por los perros, caracterizados como delincuentes.

El vestuario merece comentario aparte. Se combinó la originalidad de creaciones como la misma del cisne (línea ballet clásico), la pavorreala (al estilo oriental arábigo o hindú) y el aura tiñosa (puro cabaret), con sugerentes y comunes ropas de temporada, como camisolas floreadas de playa, camisetas deportivas, shorts y viseras; lo que ofreció un pintoresco contraste en la escena.

El lenguaje empleado, sencillo pero ausente de vulgaridades, se enriqueció con vocablos resultado de combinaciones silábicas que los niños corearon entre risas, como “repintifuiqui” y “trompolocolón”, para caracterizar la belleza y la fealdad de los protagonistas en disputa.

Lamento no ofrecer más créditos respecto de la obra “El pato de boda” pero la fotografía de la pancarta de propaganda ubicada en la sugestiva entrada de la sala, no resultó legible; y no editaron programas. Esto es un problema serio en la programación de teatro para niños. Pienso que no debe subestimarse el público infantil debido a lo instructiva y creativa que sería esta opción; pues los más aficionados los coleccionan y aprenden las historias, los autores, los nombres de los actores y hasta sería sana una breve reseña de la compañía. El programa ofrece una cultura teatral a los infantes, importante para proporcionar desde temprano.  Pocas veces vemos el texto, como sucedió con Angel Kike el verano pasado, cuyo volante mis hijos han guardado, pues sirve tanto culturalmente como de placentero recuerdo.

La puesta, problemas burocráticos aparte,  amerita repetición y mayor divulgación en los medios cubanos, para que más niños puedan acercarse al colectivo del Teatro de la Villa. Compañía a la cual felicitamos humildemente desde nuestra parte azul.

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