“Daniel y el Seldi” por Gente Nueva, recuerdo de nuestra infancia.

Edición cubana de Gente Nueva

Edición cubana de Gente Nueva

Hace poco unos amigos de esta parte azul me pedían datos acerca del libro “Ana y la Estrellita”. Lo cierto es que una de las veces que se metió el agua de lluvia a mi casa, el libro había caído del librerito de los niños al suelo y se empapó; luego quedó tan ajado, que mi madre tomó la decisión de deshacerse de él; así que lamento mucho no contar ya con el ejemplar y me disculpo con ustedes. Sin embargo, en la misma librería donde hallé a “Ana…”, había rescatado un volumen de “Daniel y el Seldi”, otro emblema de nuestra niñez; y aquí les comento con imágenes que harán recordar.

Aunque priorizo en el blog los libros escritos para la niñez de autores cubanos, esta vez amerita el hecho de que ambos títulos eran preferidos por nuestra niñez, aquella de los años 70 y 80 cuando la literatura cubana para infantes compartió escenario con algunas memorables obras de creadores del campo socialista, no por ello exentas de calidad, educación, fantasía y ternura.

Páginas de "Daniel y el Seldi"

Páginas de "Daniel y el Seldi"

El germano Waldemar Spender es el autor de “Daniel y el Seldi”, libro más bien dedicado a público masculino de la primera infancia; aunque siendo niñas, nos gustaba leerlo. Trata de un par de hermanos que se pasan la vida peleando –como es costumbre- y he aquí que una vez, un dibujo del niño cobra vida e intenta suplantar a su hermana, luego de una discusión memorable entre los dos. Por lo menos el objetivo lo logró: me sentí bastante angustiada al pensar que alguna vez pudiera sucederme a mí, si estaba tanto tiempo peleando con mis hermanos. Quizás era mejor aprovechar disfrutando y jugando y no en absurdas peleas que nos alejaban.

Final de "Daniel y el Seldi"

Final de "Daniel y el Seldi"

La historia hace pensar a los niños en el vacío que sentirían si les faltara su hermano o hermana, y eso llama a la recapacitación a más de uno. Porque el amor entre hermanos también hay que cultivarlo: no los escogemos, pero pueden ser un excelente regalo de la vida.

Ojalá en alguna Feria del Libro se dedicara un espacio a la nostalgia de estos libros que, según he comprobado, gustan tanto a mis hijos como a quienes vivieron los tiempos de mi niñez conmigo. Y siguen provocando las mismas buenas influencias en ellos, y las mismas gratas vivencias.

La traducción es de José Rovira y la adaptación al español de Ofelia Llenín. Las ilustraciones, excelentes, imitando originales infantiles a creyón, son del también alemán Konrad Golz. Los derechos de autor son de la Editorial de Libros Infantiles de Berlín (Kinderbuchverlag Berlin), aunque la edición cubana es de Gente Nueva, de 1977.

¿Se podrían gestionar nuevas ediciones al respecto, recuperar originales, o es mucho pedir?

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