Manualidades: mi abanico de papel para el verano.

Abanico plegable

Abanico plegable

Segurito que cuando hace calor, como está haciendo por estos días ya, las madres y abuelas sacamos los abanicos. Y tú, ¿sabes algo de esta prenda? Pues hoy te cuento la historia del abanico -que puedes encontrar en enciclopedias como la digital Encarta-. Y además te invito a hacer uno.

Abanico oriental

Abanico oriental

Es bueno que sepas que los primeros abanicos que se conocieron en el mundo fueron los abanicos de plumas de los antiguos egipcios, grandotes y manejados por los esclavos. Servían para refrescar al faraón, que era el gobernante, y también para espantar los mosquitos y las moscas. ¡Imagínate, con un calor como este, y a orillas del río Nilo! Aunque a veces, daba muuuucha coriza. Por eso, en China, el abanico era chiquitico, y podías encontrarlo de seda, papel pintado, plumas, marfil o caña de bambú.

Abanico antiguo

Abanico antiguo

Sin embargo, no fue hasta mucho después cuando un artesano japonés inventó el abanico plegable que se conoce hoy. Sí, ese que se parece… ¡a las alas de un murciélago! En Japón servía para distintas cosas, por ejemplo, para actuar en el teatro y hasta para practicar artes marciales. Un poquito más tarde, el abanico plegable, este de las alas de murciélago, llegó a Europa.

Abanico de encaje

Abanico de encaje

Donde más le gustó a la gente fue en España, y desde allí se llevó a las colonias americanas donde hacía calor. Y, por supuesto, a Cuba. El abanico entonces fue utilizado más por las mujeres; aunque los hombres también usaban uno más chiquitico que podían guardar en los bolsillos del traje. Las varillas del abanico eran de marfil, de nácar o de madera. La superficie desplegable entre las varillas, que se llama PAÍS, era de encaje, de tela o de papel. También podía fabricarse sin país, entonces se le decía “abanico de baraja”, y las partes se enlazaban con cinta.

Una de las curiosidades llegada de España fue el lenguaje secreto del abanico, con él se hablaban los novios en los bailes. Otra costumbre muy interesante fue la de firmar los abanicos cuando un joven quería bailar con una muchacha. Después ella los guardaba de recuerdo y se los enseñaba a sus amigas para competir a ver cuántas parejas de baile tenía cada quién más que la otra.

Tú misma, o tú mismo puedes hacer un abanico de papel. Tomas una hoja de papel grande (mientras más grande, mayor será el abanico), la doblas en franjas estrechitas, una vez para un lado y otra vez hacia el otro, hasta que quede una especie de acordeón. Luego le presillas o pegas un extremo y abres el otro en forma de semicírculo. Si deseas que tenga alguna figurita de adorno, antes de doblarlo y graparlo o presillarlo, puedes dibujar en la hoja un paisaje lindo, flores enlazadas, una muñeca, o… ¡un barquito navegando!

Puedes emplear para ello lápices de colores, o temperas y crayolas que sean bien absorbidas por el papel, para que no se marque una parte en otra al doblar sucesivamente, y así quedará de vivos colores. ¡Verás qué bello luce y qué agradable fresquito echa!

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