Algunas normas elementales de cortesía y educación (II).

Chicuelos

Chicuelos

Llega la adolescencia, viene corriendo y nos sorprende en nuestros hijos, que ya quieren salir solos, en grupo con amigos y primos, y adquieren hábitos ajenos a la formación que les damos en casa. Entonces nos percatamos de detalles que chocan en todos los lugares posibles; el irrespeto y la insensibilidad en determinadas ocasiones se declaran reinantes. Entre comentarios con amigos, surge la necesidad de un mejor trabajo al respecto; a veces, apenas hace falta un poco de sentido común para hacer sentir bien a los demás. Agradezco a los amigos, y sobre todo a las amigas,  que me han brindado sus consideraciones para esta parte azul, las cuales comparto a continuación.

• Cuando vamos por la acera del sol, con espejuelos oscuros, y nos encontramos con algún conocido, femenino o masculino, deberemos quitarnos las gafas al saludar, para mostrar la expresión completa del rostro. Recordemos que, como dicen las sabias abuelas: “los ojos son el espejo de alma”. No hay por qué ocultar la mirada tras esa máscara. Salvo que estemos sufriendo de conjuntivitis y con ese acto estemos protegiendo a la otra persona.

• Al tropezar con alguien por la calle, ser los primeros en ofrecer disculpas.

• No alzar la voz ni gritar en lugares públicos. Esto debería practicarse desde la enseñanza primaria. Las escuelas, al menos las cubanas, son escandalosas actualmente en grado máximo: las maestras alzan la voz en vez de bajarla, por competir con los alumnos (recurso totalmente antipedagógico, según mi abuela, quien a los 70 años y con la cabeza blanca en canas, controlaba perfectamente nuestra aula cuando se quedaba a cuidar -si faltaba la maestra- sin alzar la voz ni una vez).

• Ser discretos en los lugares públicos. Si conversamos con una compañera o un amigo, no mencionar nombres de personas ni describir situaciones específicas. Si practicamos alguna religión o culto, no utilizar la ocasión para manifestar a los demás a voz en cuello nuestra filiación, o buscar prosélitos de esa manera.  Como dice el refranero popular: “Dime de qué alardeas, y te diré de lo que careces”.

• Si nos gusta escuchar música y tenemos todo tipo de avances tecnológicos conectados a nuestro cuerpo, es menester desconectarlos al encontrarnos con amigas o amigos, para brindarles la debida atención y escuchar lo que tienen que decirnos. Lo mismo si llegamos al trabajo, a la escuela, o al hogar, donde tampoco debemos bloquear la comunicación con superiores, compañeros, maestros. Los padres, hermanos y abuelos, aunque de presencia cotidiana, necesitan una atención cotidiana también.

• No gesticular exageradamente mientras conversamos por la calle, podemos lastimar físicamente a otras personas. Mucho menos hacer gestos groseros que puedan herir la sensibilidad de los demás.

• Si asistimos a reuniones, conferencias, clases o talleres, en ropa deportiva, sandalias incluidas, no es de buen ver descalzarse.

Agradecería recibir más sugerencias de este tipo. Por favor, si las conoces, puedes comentar.

Muchas gracias.

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