Príncipes cubanos en el Torneo “Capablanca” de Ajedrez, en La Habana.

Leinier Domínguez y Evgueny Alekseev

Leinier Domínguez y Evgueny Alekseev

Dicen los adultos que no hay príncipes ni princesas en Cuba, pero las niñas y los niños piensan muy distinto. Rodeados de torres, reyes, reinas (perdón, damas, que es como se dice bien), peones, alfiles y caballos, salen al terreno cuadriculado para efectuar sus torneos, como en los tiempos de las princesas encantadas, los principes hechizados y las intrigas palaciegas, de las brujas y los magos malvados que podían transformar a cualquiera en cualquier cosa. ¡Y pueden ganar!

Nigel Short y Lázaro Bruzón

Nigel Short y Lázaro Bruzón

La verdad es que muchos conservan aspectos parecidos a los de los cuentos de hadas, como los gallardos Lázaro Bruzón y Leinier Domínguez, auténticos héroes de los pequeñines; otros destacan por su maña para realizar actos de increíble valentía ajedrecística, que sacan exclamaciones de los chicuelos.

Pues allá estaban, participando en el XLV Torneo de Ajedrez “Capablanca in Memoriam”, con sede en el Hotel Riviera de la capital cubana, de tres de la tarde a ocho de la noche, hasta el mismísimo 20 de junio, todos los alumnos (aprendices de príncipes y princesas) de los distintos clubes de Ajedrez de las escuelas de la capital cubana: desde los 4 y 5 años se les veía pasearse entre los mayores y seguirle las pistas a los caballeros que se enfrentaban tras la banda elástica, a la cual hubo que agregarle los letreros de Silencio, No apoyarse, y frases así. Los maestros del Instituto Superior Latinoamericano de Ajedrez (ISLA), entrenadores de los niños,  se acreditaban como árbitros y anfitriones, mientras explicaban las jugadas a los que preguntaran.

Ya afuera del Salón Internacional, se organizaban pequeñas partidas guiadas por los demás profesores, para contrincantes de todas las edades; y en las columnas colgaban los tableros verticales de enorme tamaño para monitorear las jugadas y posiciones adquiridas.

Vasily Ivanchuk

Vasily Ivanchuk

Las niñas y los niños del ISLA siguieron revoloteando hasta el último día, cazando las firmas y las fotos de los grandes, de los maestros. Imágenes de los pequeños junto a Leinier, Bruzón, Ivanchuk, Short, Nepomniatchi,  Alekseev, y los más osados junto al mismísimo Karpov, están hoy en los álbumes de muchos padres y otras tantas madres, orgullosos de sus damitas y caballeritos. Reciban estas personalidades el agradecimiento por su paciencia y amabilidad.

De nuestro recibimiento, lamentar las ostensibles goteras del lobby del Hotel Riviera y agradecer a quienes aportaron el aire acondicionado para los últimos días; terrible y desconcertante el lograr glorias para Cuba bajo lámparas amarillas, en medio de un calor infernal. Y vergüenza ante los visitantes y competidores extranjeros. Esperemos que en próximos encuentros, los palacios y castillos reales estén mejor equipados para recibirlos.

De los menores… el próximo torneo, devenido nacional (dicen), será en El Cotorro, municipio habanero, el jueves 8 de julio. Ya están en entrenamiento. Veremos qué princesa o príncipe gana.

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