Padrastros y madrastras: ¿un mal necesario o un bien disfrutable?

Madrastras, padrastros, hijastros...¡amor!

Madrastras, padrastros, hijastros...¡amor!

En Cuba son muy comunes en los últimos tiempos las familias extendidas. No sólo cuentan con madre, padre e hijos; debido a que, por lo general, los progenitores se separan o divorcian pronto. Entonces llegan madrastras y padrastros (a veces varias o varios sucesivos, cuyas relaciones con la familia original no se rompen tras el fin del vínculo matrimonial en cuestión -aunque esto puede sonar confuso, créanme que también puede ser muy positivo, si las personas involucradas en el galimatías tienen buenos sentimientos-), y asimismo recibimos medio-hermanos y hermanastros, lo cual enriquece sobremanera nuestras relaciones familiares y nos proporciona más compañeros de juegos cuando somos niños. A esto se adicionan los padres de cada cual (¿abuelastras y abuelastros?) que sazonan aún más el potaje familiar convirtiéndolo casi en una caldosa, donde caben todas las denominaciones. La descendencia puede tener así también, tiastras y tiastros, primastras y primastros, entre otras relaciones más extrañas y novedosas.

Una amiga, que posee una familia superextendida, me comentaba hace unos días que por asumir de manera casi ideal la presencia de todas sus madrastras y padrastros con descendencias y ascendencias incluidas, le lastimaba muchas veces las denominaciones despectivas que de ellos se hacía desde el punto de vista lingüístico. Cierto es que la terminación –astra, -astro, denota desprecio, quizás debido al hecho de aludir a una sustitución fraudulenta, o fruto de la traición o la viudez, de la figura materna o paterna, así como de hermanos que no son tales según el vínculo biológico consanguíneo. Sin embargo, creo que el uso constante de estos vocablos ya los ha acuñado para la posteridad, aunque se exhiban las mejores relaciones entre aquellos y sus… ¡hijastros!

La tradición literaria tampoco ha perdonado a los supuestos usurpadores de los roles protagónicos familiares en los cuentos infantiles. Más que evidentes, sobresalen las maldades de las madrastras de Cenicienta y Blanca Nieve, con verdaderos atentados a la vida de sus hijastras, aunque nadie se percate de la irresponsabilidad de la madre de Caperucita, que envía solita a su hija por un camino plagado de lobos y bosques peligrosos. Bueno, la intención es lo que vale, dicen algunos.

Así, conozco en la vida real muchas madrastras y padrastros que se han erigido en verdaderas pesadillas para toda la familia. Algunas y algunos se manifiestan a la contraria abiertamente, otros son expertos en propaganda subliminal. Los más perjudicados, como siempre, son los hijos, que ven a sus madres o padres en compañías no deseadas, y las sufren en carne propia.

Pienso que debemos ser los adultos, siempre los más creciditos, quienes zanjemos nuestras diferencias a la hora de asumir el rol de madrastras o padrastros. Hasta qué punto regañar y permitir; evitar ocupar un lugar que no nos corresponde pero a la vez cooperar con respeto, limar los odios, y tratar de sembrar amores cada vez que se pueda. Esto es más fácil cuando el interés principal es ése: el amor. Pero cuando nos percatamos de que hay otros por encima, como el económico, una vivienda o un auto, ya el agua no es de manantial y resulta muy difícil construir un hogar armónico sobre esos presupuestos.

Lo cierto es que, si es para bien, bienvenidos sean los padrastros y las madrastras, para enriquecer con amor, ayuda y educación la vida de sus hijas e hijos postizos… ¿mejor así?

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2 comentarios to “Padrastros y madrastras: ¿un mal necesario o un bien disfrutable?”

  1. Antonio Fontela Says:

    Está muy interesenta este artículo. Te felicito Alina: no siempre los padrastros y las madrastras son los malos de la película en la vida real.

  2. Alina I. R. Says:

    Así es, Tony, algunos llegan a suplantar a las madres o a los padres biológicos cuando estos no funcionan como tales. Conozco el caso de una amiga, nos vinimos a enterar en el grupo que el papá era el padrastro, cuando ella cayó en una gran depresión ante el divorcio de él con su mamá, ella ya tenía 20 años. La acompañaba desde los 3 y la había criado como hija. El “verdadero” padre vivia cerca pero no se preocupaba. Casos así son más frecuentes de lo que imaginamos.
    Y sabes que conozco otro caso de un amoroso padrastro que crió a dos hijas durante largos y trabajosos años. Debería recibir un gran abrazo en su Día del Padre, y una llamadita diaria al menos. ¿No crees?
    Gracias por comentar.


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