Carta a la Tía Rosa, allá en Cienfuegos.

Para la Tía Rosa

Para la Tía Rosa

En todo Cienfuegos se escucha “El Rincón de la Tía Rosa”, que transmite Radio Ciudad del Mar, de lunes a viernes, de siete a siete y quince de la mañana. Hermoso nombre para una emisora y hermoso programa para los más pequeños. En la radio cubana se sabe que es dura la competencia porque “resulta muy difícil tumbar el programa de Rosa Campo” de los primeros lugares, como le escuché decir hace tiempo a un director de una emisora nacional. En la edición de este año ocupó el Segundo Lugar Nacional con un programa variado, dedicado a la sencillez como cualidad humana y virtud necesaria.

Conocí hace un mes aproximadamente a Rosa Campo, durante los días del Festival Nacional de la Radio. Andaba como un hada, de un lado para otro, ofreciendo simpatía, cariño y amistad. Miraba expectante con sus grandes ojos verdeazules, como hacen las niñas que empiezan a descubrir el mundo.

Conversamos de temas afines, de sus canciones y su programa radial, de sus dos hijos adultos (23 y 26 años tienen ya), todas joyas de su vida. Ni nos dio tiempo a despedirnos, y quizás haya sido mejor así, porque las despedidas siempre son un poco tristes (siempre sucede cuando se trata de las hadas).

Cienfueguera de nacimiento, ama su terruño como pocas personas y trabaja arduamente para dar a conocer las maravillas que compone, dedicadas a los niños de todo el país. Canciones como “M con A, N con I: maní, maní, maní”, “Chivirico rico”, “Reyes del Son”, “Amanecer Feliz” son algunas que seguramente habremos escuchado más de una vez en variadas interpretaciones. Famosa es la versión de Haila, la cantante de música popular para público adulto, que arrastra tanto por su acompañamiento orquestado. Otras versiones son escuchadas en fiestas infantiles en voces de niños. El Coro Infantil de Cienfuegos ha grabado un disco compacto con sus canciones. Se titula “Tren de Fantasías”.

Rosa defiende la radio como arte, y lamenta el poco interés y la escasa relación de este importante medio de comunicación con las casas disqueras. Al menos en Cuba puedo constatar la veracidad de su afirmación, lo cual da al traste con la buena voluntad de la política musical trazada por el país en contraposición de lo que realmente sale al aire. A Rosa le parece un rasgo de inmodestia más que evidente, proponer su obra a las emisoras. ¿Por qué el músico, el artista, debe ir a la radio y no al revés? Las disqueras deberían mostrar interés en promocionar su trabajo con los músicos a través de los medios.

Pero mientras esas cosas no sucedan, seguimos apostando por la radio, donde cada mañana se le escucha rasgar su guitarra y encontrarse con miles de sobrinos que la quieren y admiran a través de esa cajita mágica.

Muchos besos para la tía Rosa desde la parte más azul del arcoiris.

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