Conflicto ABO: con dos que se quieran, no basta.

Bebé en Cuidados Especiales, con Conflicto ABO.

Bebé en Cuidados Especiales, con Conflicto ABO.

Hoy es el Día Mundial de la Salud, y desde estas páginas rendimos homenaje a esos que visten de blanco y se convierten en dioses en un abrir y cerrar de ojos, a quienes veneramos cuando un hijo nuestro es salvado, a quienes consideramos madres y padres de nuestros propios retoños. Una historia, como tantas,  lo atestigua.

Elisa tenía 26 años cuando sospechó embarazo por vez tercera. Su esposo era padre por segunda vez, pues ella tenía una hija mayor, de un matrimonio anterior, y con él compartía otro pequeñuelo. La familia era armónica en todo sentido.

Aunque sus embarazos previos fueran en extremo felices, pronto comenzó a sentirse mal como nunca. Tenía náuseas, su cuerpo se inflamaba y las ojeras grises comenzaron a marcar su rostro con una palidez mortal. Asustada, se dirigió al Consultorio del Médico de la Familia, donde la doctora le hizo la captación llamada adelantada o temprana del embarazo, orientándole análisis de todo tipo, con carácter urgente: contaba apenas de cinco a seis semanas de gestación.

Los exámenes arrojaron una anemia creciente,  infección renal, bajo índice de azúcar en sangre y otros trastornos nada halagüeños. La médico le propuso con mucho tacto el aborto terapéutico. “Ya tienes dos, y esta vez no van a salir bien ni tú ni el bebé. Lo están haciendo ahora mismo en el Policlínico, te doy la orden y vas. El ginecólogo es muy bueno. Realmente estás muy mal para un comienzo.”

Pero ella, ilusionada por los hechos desde el mismo inicio, deseando y confiando en su anterior fortaleza y salud, y pensando además que sería todo pasajero, renunció a la posibilidad ofrecida. Se inició entonces una verdadera pesadilla de espera, aderezada con peligros peores como  bradicardia fetal, fatigas por hipoglucemia hasta el desmayo, inversión de la flora gástrica y dolor constante en bajo vientre por amenaza de aborto natural. Por todo esto se le conminó a guardar cama todo el tiempo, proceso llamado Ingreso en el Hogar, para lo cual el apoyo de la familia es vital.

Un detalle quedó al descuido: los análisis de sangre fueron confundidos  desde el principio: su grupo sanguíneo O positivo quedó sustituido por el grupo AB positivo de su esposo, equivocación al parecer originada a la hora de completar los formularios. De esta manera, el seguimiento por Genética y Hematología fue obviado.

A las 40 semanas comenzó el trabajo de parto. El bebé nació lleno de puntos amarillos y con la piel de color anaranjado.  Elisa supo enseguida que todo estaba muy mal. Ocho horas después del alumbramiento, llegaron corriendo a la sala cinco jóvenes médicos para hacerle una entrevista de regla acerca de sus anteriores partos. Los análisis del recién nacido estaban “algo” alterados y debían trasladarlo hacia la Sala de Cuidados Especiales.

La separación y el aislamiento del bebé le costó nuevas angustias a la madre, a pesar de las sonrisas preocupadas y la voz forzadamente dulce de la doctora que la entrevistó. Le extrañó mucho escuchar que no debía subir a lactarlo hasta que se sintiera completamente repuesta, cuando se acostumbraba avisar constantemente a las madres por teléfono a la sala, para ir a alimentar a sus niños ingresados.

Al segundo día, ya extrañada por la demora del aviso, pidió a su esposo subir a verlo, pues tenía los pechos rebosantes. El semblante de él cambió y tras hablar misteriosamente con la jefa de sala, le tomaron la presión y fue autorizada.

Pronto supo la verdad: el bebé libraba una guerra en su interior: la sangre legada por sus padres no congeniaba. Se llama Conflicto ABO. Sucede cuando los padres poseen grupos sanguíneos totalmente opuestos, siendo la madre del grupo O. Este rechaza a los demás grupos, “ataques” que arrecian ante sucesivos embarazos.

El hermanito había heredado el grupo B, pero al ser el primer fruto de la biológicamente infeliz unión, el trastorno ocasionado fue prácticamente imperceptible. El nuevo bebé poseía el grupo A, el cual había desatado un ataque más feroz por parte de los anticuerpos. Le iban a coger la vena para cambiarle toda la sangre. Habían esperado para darle la noticia porque ella también había salido con salud deficiente del parto: presión alta y otros trastornos de cuidado.

Con el apoyo de su esposo, Elisa logró soportar la entrevista con las especialistas en Hematología del Hospital, así también fue la lactancia, y los primeros meses e incluso años de vida del hijo transcurrieron entre constantes análisis de sangre en la consulta de Ictericia de la Doctora Gómez, del Hospital González Coro, donde se vigilaba todo tipo de parámetros como la hemoglobina, la bilirrubina, los hematocritos  y otras partículas importantes contenidas en el líquido vital.

Afortunadamente todo continúa por buen camino, tanto, que a la preocupación inicial ha sucedido la alegría de ver desenvolverse a un niño saludable, al cual le cantan, para no olvidar el suceso, ese contagioso merengue de Juan Luis Guerra y la 440 que dice:

“Me sube la bilirrubina, ay, me sube la bilirrubina,

cuando te miro y no me miras,

y no lo quita la aspirina,

es un amor que contamina…..”

 Ya grande, a la pregunta de cómo fue su nacimiento, se le ha confiado la verdad al niño, y cuando interroga si no sería  que él estaba enamorado, la madre le responde guiñando un ojo: “Bueno, había una enfermera que te atendía en Cuidados Especiales, muy joven y muy bonita, y las doctoras eran muy amables también…..”

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