Alan Manuel González Iglesias expone por los 120 años de “La Edad de Oro”.

El artista y su obra

El artista y su obra

“… y al rey le decía, cara a cara, que el que manda a los hombres ha de cuidar de ellos, y si no los sabe cuidar, no los puede mandar…”

Es en este fragmento de “El Padre Las Casas” de José Martí, donde se inspira Alan Manuel González Iglesias para titular su obra; la cual homenajea de este modo otra obra grandiosa: la revista “La Edad de Oro”, devenidos sus cuatro tomos en libro clásico para niños de edad escolar; y que acredita la publicación de este artículo para que todos los niños americanos conozcan no sólo de la fantasía sino de la más cruda realidad: la matanza de los indígenas americanos durante la conquista y colonización de las tierras que habitamos hoy; así como la defensa valerosa que hizo de ellos un humilde padre católico enviado a esclavizarlos ideológicamente, en contra de la institución que representaba, la cual siempre estuvo del lado de los bien llamados Reyes Católicos, Fernando e Isabel, autores de tales hechos, a larga distancia.

Se expone dentro de la muestra por los 120 años de la publicación de “La Edad de Oro” -ocurrida allá por el lejano 1889- en el Memorial “José Martí” de la capital; y fue seleccionada dentro de las otras 28 que dan imagen al resto de los escritos martianos del hermoso volumen.

Obra de Alan Manuel González Iglesias

Obra de Alan Manuel González Iglesias

El cuadro fue realizado en acrílico sobre lienzo, escogido éste de una porosidad muy fina para asegurar una base en la calidad, y muestra a un Bartolomé de las Casas de blanco, color simbólico de la pureza, con la pluma de ave que se empleaba para escribir en aquellos tiempos, agigantada, como símbolo de su lucha, simulando un sable por su función hostigadora del poder abusador. El rey, al igual que la reina y un peón como soldado de este poder (¿faltaría el alfil?), son piezas de ajedrez desfiguradas humanamente, cual objetos plantados y sin raciocinio, a los cuales se enfrenta el cura a brazos abiertos y reclamos duros, sin temor.

La isla de Cuba (mejor: archipiélago) yace en el tablero monocromo, realizada tal cual se dibujaba en los mapas de la época, trabajo que siempre agradó al autor y fue fruto de toda una colección propia, muy anterior a esta obra que expone hoy.

Un éxito merecido y justo para quien recuerda y defiende la justicia, que debe ser tal en todo tiempo y lugar del mundo. Una obra plástica memorable que será incluida junto al escrito martiano que la inspiró, para ser apreciada estéticamente e interpretada inteligentemente por muchos niños.

Otro sueño de infancia de Alan hecho realidad y reconocimiento social como artista completo, merecido esta vez por una obra que honra tanto su fe sincera como el pensamiento del más cubano de todos: José Martí.

“porque la maldad no se cura sino con decirla, y hay mucha maldad que decir, y la estoy poniendo donde no me la pueda negar nadie, en latín y en castellano”.

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