De pie junto a la bandera.

Una foto de recuerdo junto a Martí.

Una foto de recuerdo junto a Martí.

Este jueves 8 de octubre, al igual que cada año, los niños de Primer Grado en toda Cuba recibirán su pañoleta azul, lo cual los ubica en una nueva etapa escolar, al dejar atrás definitivamente el uniforme sin pañoleta.

Cambia el aspecto y cambian sustancialmente otras muchas cosas. Según los sicólogos norteamericanos Arnold y Gessell, la vida humana es divisible en ciclos de seis años cada uno, y en la enseñanza sucede. Después de un mes inicial de recapitulación de las nociones primigenias y las manualidades, de la preescritura y los trazos, de la introducción en el régimen escolar, los “niños de Primero” comienzan a aprender en firme a descifrar el mundo a través de números y letras, a dar Educación Física “en serio”, a estar sentados en un aula y guardar la disciplina, a seguir reglas y normas, a ser uno más en los juegos de participación.

Mi amiga July me dice que la ceremonia de puesta de pañoleta le provoca gran emoción porque significa que sus hijos han crecido, que han cambiado, que han logrado pasar a otro nivel. Ya son “niños grandes”, no como los “chiquiticos de preescolar que no tienen pañoleta”. Y esa diferencia siempre los estimula, aparte del trasfondo político o patriótico que implica también conocer más de historia, investigar y preguntar más el porqué de las cosas y los sucesos, estar al tanto de las noticias y figuras del momento y exigir explicaciones hasta llegar al fondo de los asuntos; lo cual en ocasiones puede agotar a los padres, y requerir la ayuda de libros de texto, museos, computadoras, visitas a bibliotecas, consultas con especialistas o exprimir la memoria de los abuelos buscando sus experiencias y recuerdos.

Las madres y los padres recordaremos nuestra infancia una vez más, cuando la pañoleta no era de nylon sino de tela, mitad blanca, mitad azul; y el uniforme: azul cielo la blusa o la camisa; y la saya o el pantalón, azul oscuro. Buscaremos aquella foto en blanco y negro donde aparecemos de pie junto a la bandera, al lado de la querida e inolvidable primera maestra -esa que nos enseñó a leer- quien, inclinada, nos anuda la pañoleta.

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