“Pequehistorias”, una dulce entrega literaria.

"Pequehistorias ", de Gisela Salazar, editado por Gente Nueva

"Pequehistorias ", de Gisela Salazar, editado por Gente Nueva

Aunque no la conozco personalmente, imagino que la escritora cubana Gisela Salazar Jiménez es una de las cariñosas abuelas de las cuales hemos hablado, aparte de subrayar su talento certero; pues así lo evidencia su hermoso libro titulado Pequehistorias.

De dimensiones chicas, este bolsilibro ameritaría una edición más brillante y quizás en formato de álbum, debido a la calidad y cantidad de sus cuentos, que hoy se ubican muy alto en la preferencia de los niños y las niñas que conozco. A pesar de la extensión prolongada de algunos, como el que tiene por protagonista un grillito menudo, los muchachos solicitan leer todos los cuentos que integran el volumen, una y otra noche, sin descanso.

Pues también están caracterizados por un alto vuelo poético; una enseñanza práctica, sin ser cansona o  machacante; y más que todo, una insustituible dosis de fino humor, muy beneficiosa a la hora de atraer el público al cual se dedica. Tan es así que la narración preferida de mi hija y de mi madre a la vez es El Hombre que caminaba de espaldas, curiosa historia que permite al lector reflexionar, (sea cual sea su edad) acerca de la importancia de ayudar a los demás, de la originalidad personal y el autorrespeto, y de valores como la familia y el apoyo que esta debe brindarnos en todo momento, siempre que se trate de buenas acciones.

Otro título preferido es El Payaso Girasol, tierno cuento que repasa la vida de un niño que siempre deseó ser payaso, y lo logra pese a la voluntad encontrada de sus familiares, quienes poco a poco se convencen de que aquella era su verdadera vocación, y que no deben avergonzarse pues se trata de hacer felices a los demás. Lo mejor de esta historia es el humanismo que despide, pues lleva al personaje desde su niñez hasta su vejez, concediéndole igual importancia a las distintas etapas de la vida del mismo, sin aburrir en ningún momento, sino enseñando y entreteniendo a la vez.

Quizás sería bueno para ediciones futuras tener en cuenta que la lectura del libro exige pausas naturales y necesarias, y no debe temerse al uso de la coma, el punto y coma y el punto y seguido, pues en ocasiones se obvia dicha puntuación y la lectura se desboca en cierta medida, como sucede en la primera descripción del circo, visto por el niño que luego se convirtiera en el payaso Girasol.

No obstante estos detalles, su lectura es agradable y constructiva para cualquier edad y cualquier miembro de la familia. Abuelos, tíos, hermanos, primos, madres y padres están invitados a disfrutar entonces de Pequehistorias, donde Gisela Salazar invita a abrir las alas y la mente para ver la realidad de manera distinta cada vez, como el que caminaba de espaldas,  guiados por su sabia mano; como hace Talía con su primito ciego en la última y más bella historia.

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