José Manuel Espino: un poeta pelirrojo que invita a soñar.

"Sueño azul", de José Manuel Espino

"Sueño azul", de José Manuel Espino

Dicen quienes lo conocen personalmente que aún lleva en el alma un chiquillo pelirrojo, lleno de imaginación y fantasía. Lo describen así en numerosos prólogos de sus obras. Quienes no lo conocen en persona, a veces pueden no entenderlo.

Conocí a un niño de cabellos de fuego. Se nombraba Yandi y en la escuela sus amigos le llamaron siempre Zanahoria. Él nunca se acomplejó, era por cariño y confianza. Le gustaba el estudio y escuchar cuentos, leídos o narrados. Siempre sacaba buenas notas.

Juntos la pasábamos muy bien. Cuando su mamá lo llevaba a la oficina, me lo entregaba, riendo: “Ahí tienes a tu sobrino”.

Cuando leo la obra de Espino (Alí Babá y las cuarenta ilusiones, Sueño Azul) pienso en mi “sobrino”, que ahora vive en España y es casi un hombre. Los pelirrojos cubanos son tan infrecuentes que es típico en ellos sentirse distintos. Si la fantasía hace presa en ellos, pueden tornarse creadores tan singulares como el autor de quien les hablo.

Hace unas noches les leí a mis hijos El libro del bosque encantado, editado por Gente Nueva dentro de la colección Pelusa, del 2008.

"El bosque encantado", de José Manuel Espino

"El bosque encantado", de José Manuel Espino

Las ilustraciones de Raúl Martínez Hernández los fascinaron pero los poemas aún más. El rejuego y el tejido entre ambas llevado armoniosamente a través de todo el álbum, logró capturarlos definitivamente, a pesar de la escasa calidad del papel utilizado para esta atractiva edición. Tuve que repetir la lectura y el paseo por la fronda más de una vez. Se quedaban absortos y en silencio, escuchando. Penetraron en el bosque… y se encantaron.

A veces un poema se resume en apenas frases, repletas de humor y originalidad, como esta:

“Se prohíbe pisar el césped. Las Hormigas Locas”.

O esta:

“Se prohíbe cantar en el bosque. Las Hormigas Bravas”.

Otras veces los poemas involucran graciosamente a personajes universales de la literatura infantil como Aladino, Caperucita Roja, unicornios y príncipes embrujados en forma de sapos. Pero siempre mueven las cuerdas del niño invisible y travieso que dejamos atrás, o el brillo de los ojos de quienes aún disfrutan esa etapa de la vida.

"La princesa y el bufón", de José Manuel Espino

"La princesa y el bufón", de José Manuel Espino

 

También La Princesa y el Bufón, narrativa de este mismo autor sobre el amor posible de dos adolescentes, es sencillamente hermosa. Recuerda de alguna forma a las Noches Blancas de Dostoievski.

Me sorprendió, pues realmente no abundan cuentos sobre amores posibles, generalmente se tratan amores imposibles. Es una historia extraña y sugestiva, digna de inaugurar una adolescencia. Una historia de asombroso final abierto. Podría constituir incluso el comienzo de una extensa novela de amor juvenil, pero eso se deja de tarea para el lector. El más inconforme se queda, en este caso, con la miel en los labios.

Gran maestría lograr la satisfacción de quien lee, apenas con un inicio tentador.

Invito a quienes no lo conocen o lo conocen poco, a abundar en la obra de José Manuel Espino, el poeta pelirrojo que cautiva con sus nuevas proposiciones literarias a los niños (pelirrojos o no) y a los adultos, ya vencidos o aún expectantes de sueños y de ilusión.

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