Historias Azules para el Día Internacional de la Infancia

 
Pelota, suelta a ese niño!

Pelota, suelta a ese niño!

El pequeño Darío, de 7 años, acompaña al padre el sábado al agromercado de 19 y B. Ambos se detienen delante de los granos para comprar frijoles; y mientras el padre discute precios y libras, el pequeñín se entretiene mezclando las bandejas de frijoles colorados y arroz.

El padre termina la compra y el dependiente, al ver lo que ha hecho el niño, amonesta severamente al padre, muy molesto.

 -¡Qué has hecho, Darío!- le reprende luego el aludido, en voz baja, al hijo, muy avergonzado.

– Arroz congrí, papá.- responde el infante con una mirada pícara.

El abuelo llama por teléfono a Eva, de dos años y medio, quien le ha encargado arreglar unos zapaticos de plástico, de esos que venden para jugar a ser mayor, e ir de tiendas y compras con las amiguitas y las hijas-muñecas.

– ¿Ya me arreglaste los tacones?- es lo primero que le pregunta.

– ¿Cuáles tacones?- el abuelo se hace el bobo.

– Chico, los rosados que te di el domingo. –le aclara ella levantando la manita graciosamente.

– Pero si es lunes. Hace solo un día que me los diste.

– No importa. Seguro te pusiste a jugar y se te olvidó que me los tenías que arreglar.

El abuelo suelta la carcajada por teléfono. Los niños imaginan con frecuencia que los adultos juegan, igual que ellos, en vez de trabajar.

Rubencito, de 8 años, es invitado al primer cumpleaños de su primo Alejandro. El cake tiene forma de rostro de bebé. El niño se le acerca y con el dedo arrebata un pedazo de merengue azul que hace las veces de ojo izquierdo en el diseño facial.

– ¿Por qué haces eso, si todavía no está picado el cake?- le dice el padre, molesto.

– Ahora está tuerto, voy a operarlo, pero tendrá los ojos de otro color.- y toma el pedazo de merengue azul de la derecha. Los presentes gritan, espantados. Sobre todo el padre, que es médico.

 
Niña pilla

Niña pilla

María Laura, de 3 años conversa con su mamá por la noche, después de leer cuentos.

 – Mamá, ¿yo me voy a casar con mi hermano?

– No, mi vida, debes casarte con alguien que no sea de la familia.

– ¿Cómo es eso? ¿Cómo es “que no sea de la familia”?

– Bueno, mira, la familia es todo el que tiene que ver con el otro. Por ejemplo, tu hermano y tú, los dos estuvieron dentro de mi barriguita. Y Abuela a su vez, me tuvo a mí dentro de la suya….

– Ah, ya sé, ya sé. – interrumpe la niña.- Entonces me caso con papi, él no ha tenido a nadie en su barriga, sólo comida. La madre se queda estupefacta.

 

El abuelo llama de larga distancia para hablar con el pequeño David, de 5 años. Nunca ha podido venir a verlo, pero siempre piensa en él, desde que nació. Ha encontrado en una tienda cercana a su vivienda un juego de carritos metálicos parecidos a los que él mismo tenía cuando niño. Y se imagina a su doble réplica jugando con ellos, igual que hacía él.

– Oye, David, te compré unos carritos iguales a los que yo tenía de chiquito. Te los voy a mandar el mes que viene con unas vitaminas de caramelos.

– Abue, yo no quiero que me los mandes, quiero que me los traigas.

El abuelo se emociona, y cede el teléfono a la abuela, porque no puede hablar.

El padre llega del trabajo y lo espera Ramirito, de 6 años, para bañarse juntos en la ducha. Durante el acto, conversan del día y lo que han hecho.

– ¿Cómo te fue en la escuela hoy, qué hiciste?

– Fuimos al huerto escolar, a la biblioteca y al patio a hacer Educación Física. ¿Y tú?

– Nada, trabajar. – le dice el padre con aire de aburrimiento.

– ¿Y no hiciste nada más? ¿Ni siquiera Educación Física? –se asombra el niño.

– No…. – duda el papá.

– ¡Pero qué aburrido es tu Preescolar!- exclama Ramirito, definitivamente extrañado.

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Una respuesta to “Historias Azules para el Día Internacional de la Infancia”

  1. RDM, AEZ Says:

    Alina, no sabes cuanto disfrute leer este post, nadie es capaz de imaginar cuanto puede asombrarnos la ingenuidad de un niño. Te felicito sinceramente, cuando lo lei me sacó de toda la presión de trabajo que tenía, a veces nos olvidamos que fuimos niños e hicimos preguntas parecidas a nuestros padres que por desgracia muchos también lo han olvidado.

    un Abrazo

    Roberto


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