Hogares de médicos: en casa de herrero….

 

Preocupación

Preocupación

…cuchillo de palo, dice el refrán. Lo traigo a colación hoy, Día Mundial de la Salud, pues no termino de encontrarme y sorprenderme ante numerosos casos de doctores que no aceptan tener hijos (o familiares en general) con problemas de salud, tanto ligeros como de gran envergadura. Los médicos en cuestión sienten como un deshonor tener hijos enfermos o sencillamente “no perfectos”, y me parece un grandísimo error y un absurdo total, pues el daño va a dar directamente a desfavor de los pequeños. Tan es así que estos niños, al no ser tratados o medicados, en muchas ocasiones enferman o agravan más que aquellos cuyos padres nunca han vestido las batas blancas. No es por descuido: existe una especie de trauma o complejo al respecto, que les hace poner pantalla ante los males de su propia familia. Pienso que se dicen a sí mismos constantemente: ¡Cómo yo, que soy médico, voy a tener un hijo con tal o cual problema! Pues no se evita el inconveniente apenas con estudio y sabiduría. No es un toque mágico el que reciben con el Juramento Hipocrático. Es simple conocimiento para aplicar a cualquier ser humano, conocido o desconocido, amado u odiado. He ahí la santidad de la medicina: en su nobleza. No más. 

Conocí un sabio ortopédico cuya hija, ya fallecida, padeció una terrible artrosis espondiliforme. La trató constantemente, responsablemente, siempre al tanto de sus corsés, alimentación delicada y operaciones.

Pero también conozco el caso de una doctora en Psicología cuyo hijo fue tardíamente diagnosticado de esquizofrenia por demorarse ella misma, con toda su profesionalidad, en reconocerlo. He aquí otro refrán pintado para el caso: “No hay peor ciego que quien no quiere ver”.

Y es que los médicos no son dioses, ni tienen a la deidad “atrapada por las barbas”. Los médicos son, simplemente, seres humanos comunes y corrientes que han estudiado para mejorar o salvar vidas, pero asimismo pueden perderlas, aunque se trate de su familiar más preciado. No está en manos médicas controlar destinos supuestos, ni predecir futuros como oráculos. Ningún niño está más a salvo porque sus padres sean doctores, quizás sí mejor cuidados, aunque, ojo, en la confianza está el peligro, y si los doctores piensan: ¡Cómo va a enfermarse siendo yo médico! Y descarta toda probabilidad, entonces sí puede hablarse de descuido. Por tanto, es aún más peligrosa esta actitud.

Somos todos humanos, con historia genéticas plagadas de problemas y sorpresas escondidas, con miles de defectos físicos y mentales. El ser hijo o padre o familiar de un magnífico científico de la medicina, no significa un pase automático al paraíso de la salud. Un médico sabio es aquel que conoce las limitaciones de la vida humana en general, de la cual forman parte todos los seres humanos sin distinción. Aplicando esta reflexión a su familia podrá discernir claramente y curar a su prole y a sus seres queridos a tiempo y certeramente, como ellos merecen, para que el cuchillo de palo se transforme en la mejor herramienta del hogar.

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