Paseo por la Habana Vieja

Giraldilla

Giraldilla

Ya les había dicho que el mismo día que visitamos la casita de Martí, decidimos luego recorrer la parte más antigua de la ciudad, conocida como La Habana Vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Como en esta zona no entran ómnibus, hay que dar una buena y saludable caminata por callejuelas estrechas y llenas de “sábanas blancas colgadas en los balcones”, como mismo dice la canción de Gerardo Alfonso, además de baches enormes, salideros de aguas y otros desperfectos que se tornan accidentes topográficos de interés para la tropa menuda que los evade ágilmente. Hay que cuidar bien las cabezas pues no sólo las vecinas tienen la mala costumbre de lanzar el cubo de agua, usada para limpiar, del balcón hacia fuera, sino que en algún que otro poyo se asienta la jaula de una problemática cotorra que tira su latica y… ¡ay del transeúnte que esté pasando por debajo en esos segundos!

 

  

Castillo de la Real Fuerza

Castillo de la Real Fuerza

Pero a buen recaudo, por suerte, llegamos a la Plaza Vieja y luego seguimos hacia la Plaza de Armas. En la primera, les aconsejo visitar un lugar de maravilla para mayores y niños: el Museo de los Naipes, donde se exhiben todo tipo de juegos de cartas. Hay barajas de todos los países, de todos los estilos y todos los tamaños, desde para ver con lupas, por lo cual dudo de su utilidad real; hasta casi gigantes, imagino para débiles visuales o niños. Iluminadas o no, en relieve, estilizadas, de referencias temáticas como las dedicadas a las andanzas del Quijote, las de Alicia en el País de las Maravillas, Robin Hood, así como de dibujos animados clásicos como Betty Boop, los de Disney, y también con temas ecológicos de peces y sus distintas especies, razas de perros, animales del zoológico, etc. Los materiales pueden variar: hay juegos de naipes de madera, cartón, cartulina, tela, pequeñas esculturas relativas a ese mundo, afiches, entre otras variantes.

Cañón del Castillo de la real Fuerza

Cañón del Castillo de la real Fuerza

Seguimos rumbo a la Plaza de Armas y he aquí todo el sistema militar colonial, que impresiona a los pequeños por su referencia a películas infantiles sobre caballeros, dragones y princesas secuestradas. Pasar por el puente sobre el foso del Castillo de la Real Fuerza es toda una aventura. Escalar hacia la torre donde se encuentra la campana, otra. Posar junto a los cañones que una vez fueron activos, una emoción más.

 

 Las maquetas de los barcos de la época causan gran alegría; preguntan sobre las canoas indígenas, las enormes anclas de hierro fundido, las armaduras caballerescas en exposición, en la planta superior de La Fuerza.

¿Y por qué se llama Real? Esta es una pregunta muy frecuente de los que ya van a la escuela y comienzan las clases de Historia de Cuba. Pues porque se acantonaban allí las fuerzas militares del rey de España, la Fuerza Real, siendo como era Cuba, una colonia, especie de provincia más de ese país europeo, que entonces era imperio.

Es bueno saludar y felicitar el empeño de Eusebio Leal, nuestro ilustre historiador, en la selección del personal que atiende los museos. Todas las compañeras fueron amabilísimas, sin distinción entre cubanos y extranjeros; dieron a los niños especial atención, los embromaban y luego les explicaban, pues además de dominar varios idiomas, poseen un conocimiento profundo del lugar donde trabajan. Para ellas nuestro respeto y muchos recuerdos y saludos.

Templete

Templete

Visitamos luego el Templete, monumento a la primera misa oficiada en Cuba por los españoles. Ahí está la Ceiba añosa, donde, tras echar unos menudos a sus raíces, las personas piden un deseo y dan algunas vueltas a su alrededor. A veces las colas o filas para dar las vueltas son inmensas, como sucede en los fines de año, o los aniversarios de la fundación de la ciudad, en el mes de noviembre. El gesto ha devenido toda una tradición para muchos cubanos.

 

 Del lado contrario está la gustada Biblioteca Rubén Martínez Villena, con una sección especialísima dedicada a los infantes. Muebles pequeños para gente pequeña, gran iluminación y una preciosa vista hacia la Plaza de Armas, además de una atención esmerada, multitud de juguetes, juegos, libros para distintas edades, de cartón, de goma, revistas, entro otros retos a la imaginación, podemos encontrar en el lugar; que promueve y desarrolla numerosas actividades para los más chicos tanto entre semana como los fines.

Foso del Castillo de la real Fuerza

Foso del Castillo de la real Fuerza

Aunque el Palacio del Segundo Cabo, donde reside el Instituto Cubano del Libro, y el Palacio de los Capitanes Generales no llaman la atención de los más chiquitines, son dignos de una ojeada y de una charla sobre su construcción y propósitos para los mayorcitos.

 

 Después, calle Obispo arriba, a comer algo en “dinero cubano” pues lamentablemente todas las ofertas de esta concurrida zona son en CUC, Moneda Libremente Convertible o Divisa, lo que molestó algo más a los niños que a los mayores. 

Finalmente, cansados pero satisfechos, de vuelta a casa, esperando volver con más tiempo y energías, otra vez a apreciar las maravillas históricas y arquitectónicas de La Habana Vieja. 

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