Julia Calzadilla y su linterna maravillosa

 

Aladina y la Linterna Maravillosa, de Julia Calzadilla

Aladina y la Linterna Maravillosa, de Julia Calzadilla

Si hablamos de literatura cubana escrita para niños, pienso hay que incluir obligatoriamente a Julia Calzadilla Núñez. La recordamos quienes pasamos ya de los treinta, con sus creaciones para los libros de texto de las asignaturas Lectura y Español, de nivel primario, al lado de otros nombres tan queridos como Juan Pedro Soy del Pozo, Denia García Ronda, David Chericián, Mirtha Aguirre y Dora Alonso, entre otros muy gustados y recordados.
Por eso y debido a la Feria Internacional del Libro que ya toca a nuestras puertas, a celebrarse del 12 al 22 de Febrero próximo en La Habana, quisiera encontrarme para mis niños, libros suyos tan deseados y gustados como este que les comento hoy, publicado por la Editorial Gente Nueva en el año 2005.
En medio de un clásico apagón cubano, de esos que solían durar horas interminables, una abuela, habitante de un edificio, se queda sin iluminación durante toda una noche y….
He aquí que un inspirado espíritu mágico viene a visitarla.
Si les digo más, no se leen el pequeño libro titulado “Aladina y la linterna maravillosa”, que nos muestra como a pesar de cualquier contratiempo, el amor entre abuelos, tíos abuelos, bisabuelos y nietos supera todas las barreras.

Aladina y la Linterna Maravillosa, de Julia Calzadilla, contraportada.

Aladina y la Linterna Maravillosa, de Julia Calzadilla, contraportada.

No sé la magia real que de veras existe en el cruce doble de generaciones, pero sí soy testigo de que sufren las dos partes iguales si no se ven por mucho tiempo, se complacen mutuamente y se necesitan enormemente.
Aladina es una de esas abuelas que se sientan en el suelo con las piernas cruzadas, que acepta jugar a yaquis, al fútbol, a los indios y a los escondidos sin molestarse nunca, que guarda los spaguettis de la cuota de la bodega para cocinárselos al nieto cuando vaya a su casa. Y el nieto en cuestión es uno de esos que también conozco, que registran el hogar de la abuela de arriba abajo y saben donde guarda la salsa de tomate, los cubiertos y… hasta la linterna.
El relato se aborda con un lenguaje muy cotidiano y cercano tanto a abuelas como a nietos, goza de un humor peculiar, de razonamientos y frases loables por su simpatía, que bien pueden encontrarse en las bocas de entre quienes van creciendo y quienes ya peinan canas. El misterio acompaña el decursar del cuento hasta su curioso e inesperado desenlace, lleno de picardía y risas sanas. Quede “Aladina y la linterna maravillosa” como testimonio del amor entre abuelos y nietos, necesario y formador de respeto, cariño, hábitos educativos y juegos tradicionales. Amor reciprocado en la travesura devenida juego lleno de placer, que devuelve el pequeño a su querida abuela a pesar de la oscuridad que, en determinados momentos, nos rodea.

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