Niños diferentes

Madre con hijos pequeños

Madre musulmana con hijos pequeños

Acaba de comenzar un año nuevo y la ocasión vale la pena para meditar un poco, ¿no creen? La alegría es necesaria, y siempre es bienvenida, aún más cuando es compartida. Pero…

Acaba de comenzar un nuevo año y seguimos viendo y escuchando  en la tele de bombas, de guerras, de maltratos, de cifras de muertos y de ataques. Porque hay lugares de este mundo nuestro donde muchos niños no celebraron Navidad, Día de Reyes ni siquiera Año Nuevo.

Es cierto. Antes, hace apenas unas dos décadas, en Cuba ninguno de estos rituales se celebraba, salvo el Año Nuevo que coincide con el Triunfo de la Revolución Cubana. Entonces, los cristianos ponían arbolitos tras las puertas, los católicos se abstenían de ir a la iglesia a la Misa del Gallo o de tomar libres los días 25, para no despuntar como distintos en una sociedad supuestamente atea donde todos debíamos ser absurdamente iguales. Los yorubas también escondían sus collares y pulsos de cuentas bajo las ropas. Pero tras la celebración del Quinto Congreso del Partido Comunista de Cuba en 1997 en nuestra capital y la visita del Papa Juan Pablo Segundo a Cuba en enero de 1998 se cambiaron oficialmente actitudes y costumbres que hacía años ya se habían transformado en el seno de la población. Se otorgó el día 25 como feriado o festivo, es decir, no hay que ir a la escuela ese día, ni los padres al trabajo de horario regular.

juguetes

Juguetes

Mas ahora las personas, por ignorancia al parecer, se va al extremo contrario: los niños cenan en Nochebuena y esperan regalos de Reyes o Navidad sin que nadie les explique apenas qué significan esas fechas, quién fue Jesús, qué reyes eran esos, y mucho menos qué papel jugó el cristianismo y específicamente el catolicismo en la historia humana. Del tabú total se ha pasado a la vulgarización banal y extrema de las creencias y la tradición. Ello, acompañado de las diferencias de regalos y celebraciones, según el poder adquisitivo o económico de los padres.

muñecas

muñecas

Lo peor no son estas diferencias, que de cierta forma siempre han existido y son casi inevitables; sino la manera en que se manifiestan a través de claras expresiones de alarde o desprecio dentro de las aulas y escuelas durante estas fechas; a veces, por desgracia, estimuladas por los mismos padres y maestros que les preguntan indiscretamente, a bocajarro: “Y a ti, qué te trajeron los reyes?” Sin tener en cuenta la filiación ideológica o religiosa de las familias, y su deseo o capacidad de asumir determinadas costumbres, que en muchos hogares se habían desarraigado.

No veo muchos avances en ese sentido, que tiene mucho que ver con los valores, la educación y el amor entre las personas.

Tampoco veo muchos avances en el mundo. Casi entramos a la segunda década del siglo 21 de la era actual y continúan discrepancias, discriminaciones, celos y envidias irracionales entre… ¡países! Pagan los niños, como siempre, pagan la estupidez (como diría Einstein: lo único que sí es realmente infinito) humana. Y pagan con su vida en la mayoría de los casos.

Un vecino estuvo cumpliendo misión como médico en tierras árabes del norte de África. De regreso contaba de sus nuevos amigos de allá, musulmanes todos, y algún malintencionado se le acercó para decirle: “Qué, ¿cómo te fue entre todos esos negros rabiosos y llenos de bombas?”

Madre joven con bebé

Madre joven con bebé

El doctor lo miró como a loco: “Ni todos son negros, mucho menos rabiosos, y menos aún armados. ¡En el tiempo que estuve, dos años, nadie me apuntó ni con un sacapuntas! Cada vez que tenían que rezar, lo cual hacen 5 veces al día, salían sigilosamente y retornaban sin problemas, ya fueran negros o rubios. Nunca hubo risas por eso, ni burlas. Como a cualquier ser humano, si no son provocados, no reaccionan. En general los noté muy disciplinados, trabajadores y cumplidores de sus hábitos religiosos y sociales. No beben alcohol, no comen cerdo pero sí jabalí (¿para el caso, no?) y envuelven a sus mujeres en velos para protegerlas, pues son consideradas una especie de sagradas depositarias de vida. De ahí al maltrato, depende de la calidad del padre o esposo como persona, del país y hasta de la política. (Por ejemplo, los extremistas talibanes francamente abusan). Ellas ni se quejan, al contrario, increíblemente para nosotros todas deseaban contraer matrimonio y tener sus hijos, como cualquier mujer. Algunas estudian. Otras trabajan, incluso casadas, en dependencia de los acuerdos prenupciales con el esposo. Por cierto, quienes escogen los esposos de las hijas son las madres, no los padres. Muy curioso. Su religión prohíbe la vida sexual desordenada, como consecuencia son la comunidad que mundialmente porta el menor número de infectados por SIDA y otros males transmisibles por esa vía. Defectos tendrán muchos, como cualquier grupo humano, pero primero hay que conocer antes que criticar”.

Y siguen las conflagraciones por desconocimiento. Porque nos creemos mejores que otros. Enviados de los dioses (siempre “nuestros” dioses, por supuesto). Pueblos elegidos, naciones elegidas, comunidades políticas, religiosas o sociales, elegidas. No importa que hayan muerto más de 300 niños en Palestina en menos de 20 días, y en las naciones del África, ¡para qué contar! No importan los miles traficados, trabajadorcitos impagados, sometidos a abusos y violencia, sexual o no, dentro y fuera de sus familias.

Oso de Peluche

Oso de Peluche

Nadie es mejor que nadie por sus características físicas o pertenencia a un pueblo, religión, secta, tipo de pensamiento. Lo sabemos. La historia lo demuestra, la misma vida. Mas no somos capaces de ubicarnos en el justo lugar ajeno. “¿Y si esa fuera yo, esa que muere…? ¿Y si ese niño herido que grita fuera mi hijo?”

No, solo nos protegemos pensando en nuestra suerte y en aquella supuesta selección. En el engaño de vivir el momento justo y el lugar ideal. No vemos la vida como aquel parque infantil donde el sube y baja o cachúm-bambé le demuestra al pequeñín que en un segundo está arriba pero al siguiente puede caer a otra posición, y muy abajo. La hamaca o columpio lo lleva de un lado a otro, a veces está aquí de cara al viento y al sol, pero otras allá, de espaldas, contra su fuerte soplo. El tiovivo o carrusel le da vueltas hasta marearlo, como mismo hace la vida. Y a veces lo tira al suelo, si no se agarra bien.

Esta reflexión va para esos niños que no la leerán. Los que sufren o mueren por las ideas y conductas adultas, la mayoría de las veces sin sentido para ellos. Y para desearles de corazón, a pesar de todo, un feliz futuro y un 2009 lleno de esperanzas.

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