Canciones de nuestra infancia

-Una cervecita
Para ese chofer,
¿Que es lo que le pasa,
Que no quiere correr?
-El chofer no corre
Por una precaución,
Porque lleva niños
De la Revolución.

Eran las canciones de mi infancia, de las infancias de mis amigos y condiscípulos. Se cantaban a voz en cuello y haciendo coro, maestros incluidos, cuando los ómnibus nos conducían al Parque Lenin, al campamento de pioneros Tarará, o al 26 de Julio, en Varadero, adonde iban los mejores estudiantes, pues allí compartían con niños de otros países.

-Juanito se comió el pastel
Que le hizo su mamá.
-¿Quién, yo?
-¡Si, usted!
-¡Yo no he sido!
-¿Quién fue?
-¡Liliana!

Otras las cantábamos en las clases de Música, o, como se llamaba entonces, Educación Musical. Cuando, desde un radio Orbita nos hablaba y cantaba despaciosamente “la profesora invisible”, siempre “con la boca oooovalada”.
Y copiábamos las letras que la maestra dictaba o escribía en la pizarra para repasarlas en la casa. Ya en el hogar formaban parte de nuestros juegos, acompañando a los yaquis, a la suiza, a los patines rusos, (buenísimos) que me comprara mi padre en el antiguo tencent, y… ¡que aun utilizan mis hijos!

La farola de la plaza
Se esta muriendo de risa
Al ver a los estudiantes
Con corbata y sin camisa.


Las canciones gozaban de una música muy pegajosa. En su elaboración participaban verdaderas profesionales del canto infantil, como Enriqueta Almanza, Maria Álvarez Ríos y Teresita Fernández, aunque a veces también se adaptaban gustadas composiciones literarias a melodías nuevas, con textos de Eliseo Diego, David Cherician y otros creadores de poesías para infantes.

Cuba es una isla,
Mi patria por eso,
De fronteras solo
Tiene mar y cielo.

Y por todo el mundo
Compañeros tengo,
Niños vietnamitas,
Bravos guerrilleros.


También conocíamos canciones de otros países, sobre todo de la extinta Unión Soviética, como esa, tan gustada, tan de chiquillo, que aun se escucha en los parques de diversiones, y que dio titulo a un programa televisivo de competencias sobre artes plásticas, música y literatura, llamado Que siempre brille el sol.

 

 

Un cielo azul y un redondel
Es el dibujo de un niño.
Y en una esquina del papel
Escribe el niño después…

 

“Quiero que haya sol siempre,
Que también haya cielo,
Que Mamá siempre viva,
Que también viva yo”.

Este ultimo era el estribillo, luego venían otras estrofas, y recuerdo que terminaba diciendo: “La humanidad quiere paz”. Creo que esa frase específica sigue estando vigente hoy.
Por aprendérnosla, la llegábamos a cantar en puro idioma ruso. Como mismo “aprendimos” la letra de canciones de películas como la saga japonesa de Voltus V, aunque, para ser sinceros, la verdad que casi siempre “metíamos el forro”.
Pero Voltus V merece comentario aparte, sobre todo porque a mi hijo le gusta tanto como a mí. Y sigue poseyendo aquel encanto de ideal humano de unión entre todos los países terrícolas ante un cruel invasor del espacio.
Ahora solo quise recordar esas canciones que nos hacen revivir la infancia por momentos. Que nos hacen volver a ser niños y sonreír cuando nos figuramos de pañoleta y uniforme, batiendo palmas, rumbo a un imaginario campamento de pioneros.

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3 comentarios to “Canciones de nuestra infancia”

  1. Nicolás Susena Says:

    Estimado/a:
    Queremos comunicarle que hemos cambiado de dominio. Ahora tenemos: http://www.coloresperanza.es
    Por favor, le pedimos lo modifique en sus enlaces.
    También le informamos que acabamos de lanzar un concurso con un premio én metálico de 30€.
    Saludos,
    Color Esperanza

  2. Reina Cruz Says:

    Hola Alina:
    como podría obtener la copia de la conocida cancionista ” un cielo azul…” en ruso ? Para ensenarselas a mis hijos , y de paso recordar viejos tiempos…
    Gracias.
    Reina.

  3. Mauricio Sáenz Says:

    Querida Alina:

    Te escribo desde El Salvador y es sencillamente para agradecerte por hacerme recordar mis experiencias vividas hace ya tantos años, en tu hermoso país, Cuba. Y es que tuve la suerte de participar en el Campamento Internacional de Varadero, creo que habrá sido en 1983, hace ya tanto. Y esa canción, “de un cielo azul y un redondel…”, hermosa, todavía la recuerdo perfectamente. Pero de todo esto, quiero decirte que nunca dejaré de estar agradecido por haber conocido tu país, y fundamentalmente a tu gente, tus niños, los pioneros José Martí, con ese sentido de solidaridad y calor humano tan único de tu pueblo. Tuve la oportunidad de viajar nuevamente a Cuba en años posteriores y ya de grande, pero esa experiencia de niño me marcó por siempre.

    A Cuba siempre espero volver, porque tu país y tu gente son únicas.

    Gracias.

    Mauricio Sáenz.


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