El príncipe que jugaba a las casitas: literatura no sexista en Cuba.

"El príncipe que jugaba a las casitas", de Magaly Sánchez Ochoa

"El príncipe que jugaba a las casitas", de Magaly Sánchez Ochoa

Magaly Sánchez Ochoa es una conocida periodista y escritora cubana cuya obra abarca tanto temas para adultos como para chicos. Mencionaremos específicamente para público infantil: Tatarí, la pandilla y yo, de 1996; Un hada y una maga en el piso de abajo, de 1999; La leyenda del árbol que quiso ser un hombre, del 2000; y ya del nuevo milenio: Constantino en globo y La sonrisa de Caratriste.
Pero en esta ocasión les propongo la lectura de un texto nuevo, editado en forma de bolsilibro por Gente Nueva en la Colección Biblioteca Escolar, el cual trata un tema en extremo interesante: la oportunidad de los más chicos de escoger los juegos preferidos sin prejuicios sexistas.

 

El título despunta como muy original y nos remonta a una época pasada (o imaginada) de reyes, reinas, princesas y tronos por heredar; castillos y cacerías, fiestas constantes.

En este entorno de clásico Fairy Tale se desarrolla la historia donde el príncipe Roal, desde muy chico, elige el juego de las casitas como uno de los tantos a los que le acerca su fértil imaginación, y que comparte con la bella Azalea, hijita del vinatero de palacio.

Ofendido por las preferencias de su hijo, el rey Raffic lo destierra, siendo ya adolescente, a pesar de haber demostrado el muchacho habilidades para las actividades ”propias” de su sexo como cazar, tirar con arco y flechas, manejar espadas, entre otras. Simplemente las compartía con el juego de tazas y cocina de su amiga Azalea.

El rey y su hijo pasan años sin verse, durante los cuales, y sin rencor alguno, el príncipe se prepara como guerrero.
Tiempo más tarde, traicionado por un sobrino falsario y a punto de perder el reino a sus manos, un soldado desconocido pone las cosas en su lugar: es el hijo despreciado quien salva al prejuiciado de Raffic, y con esto llega el esperado final feliz.

No importa si nuestros hijos prefieren las cazuelitas, es posible que lleguen a ser los maestros cocineros de una red hotelera en el futuro.

No importa que nuestras chiquillas escojan las herramientas y los desarmes de camioncitos, una excelente ingeniera hay entonces.

No frenemos esas cabecitas encantadas, no las manchemos con nuestras ignorancias y estrecheces. Ellos se merecen toda la comprensión, la educación y el apoyo para su futuro.
Este es, al parecer, el mensaje que nos transmite Magaly Sánchez Ochoa. Gracias a ella una vez más por hacernos confiar siempre en los peques.

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