Infancia y racismo

-Dice mi mamá que mi maestra es una negra…- declaró Pablito, un escolar de 7 años y subido color de piel, acompañando sus palabras con un gesto de evidente burla.
-Mentira, la maestra es así… ¡como del color del chocolate!- le rectificó Adriano, a quien todos en el aula apodan el Chino, por motivos indudables presentes en su aspecto externo.
Todo está, no en lo que se diga, sino en cómo se digan las cosas. No es que seamos las personas idénticas físicamente, sino que sepamos vivir con las diferencias sin desprecio ni criterios de superioridad.
Entonces, ¿por qué aún persisten las valoraciones que sólo toman en cuenta el color de piel de las personas? ¿Dónde queda la búsqueda de la bondad, de la mirada y el actuar limpios, de la calidad humana que no se nota a primera vista? ¿Y por qué los adultos les transmitimos esos prejuicios a los niños?
Mi maestra de preescolar también fue, al decir de muchos, “una negra”. ¡Y qué negra aquella! Rebosante de dulzura, me enseñó a pegar botones y a hacer arroz, a jugar a juegos de participación, a montar pequeñas obras de teatro, a pintar. Me despertó el amor hacia la literatura con los magníficos cuentos de hadas que narraba. Cuando los chicos hacían maromas en las sillas y se caían, ella, sin enojarse, los recogía, secaba su llanto y sonreía amorosa. Mi madre me acostumbró a llamarla todos los 22 de diciembre para desearle felicidades en su Día del Educador. Lo estuve haciendo hasta que me gradué.
El racismo se manifiesta de muchas maneras, pero siempre nace en el hogar. No se basa solo, como dicen algunos, en que los pequeños perciben las diferencias. Pues se trata de educar en las esencias, no en las apariencias.
– No quiero verte jugando con María Laura, ella es negrita. Búscate amigas blancas como tú. – le aconsejaba una madre muy emperifollada a su hija antes de entrar a la escuela. Y creo que era lo mejor que hacía, pues la aludida era una niña limpia, inteligente y discreta, al contrario de quien hablaba.
Otras veces sucede al revés. La madre de Alejandro, pequeñín de preescolar, le espetó hace dos días:
– ¡Que no te vea más en casa de Lisandro, no quiero nada con los blancos! Ellos sólo se entienden entre ellos.
(Aclaremos que Alejandro y su mamá llevan en la piel el tono del más puro café).

Hace unos días, un tío le preguntaba a Oscarito si tenía muchas novias en la escuela. Oscarito, de 6 años, le respondió que sólo tenía muchas amiguitas.
El tío insistió:
-Vamos, que tú eres un mulatico lindo, seguro que te caen todas, pero fíjate, no te busques ninguna negrita…
Oscarito lo miró sin comprender. Al calor de su hogar, su cobriza madre y su pálido padre nunca le habían hecho notar diferencias.
Muchas veces los progenitores eligen poner al niño con tal o cual maestra, prejuiciados por su filiación racial externa, física, y no por la calidad de su enseñanza, por su amor al magisterio, por su dedicación al delicado trabajo que realiza. También le escogen las amistades, y más tarde, la pareja; siempre teniendo en cuenta elementos pasajeros y superficiales, además de la supuesta raza, como la posición económica, por ejemplo. Pocas veces se miran otros aspectos más importantes, como la educación o el nivel cultural. Toda su línea de vida tiene que responder a un solo color, aunque el chico o la chica no lo desee.
Y es un absurdo, más en Cuba, donde nuestra familia promedio tiene su “pinta”, si no evidente, bien escondida. Pero aunque así no fuera, porque podemos ser cubanos de apenas dos o tres generaciones venidas de la crema y nata europea, amamos con igual cariño a una Patria multirracial que acoge en su composición no solo a quienes tuvimos como ancestros a esclavos africanos, sino a quienes cuentan historias de abuelos llegados con la emigración china; además de un porciento pequeño de indígenas que quedaron de los primeros y auténticos pobladores de estos lares.
La bondad se lleva dentro, en el corazón, no se ve con los ojos. Lo esencial es invisible para ellos,
diría un piloto francés que dejó un enorme tesoro para la infancia: El Pequeño Príncipe. Quien por cierto, aunque lo pinten de rubio no era sino extraterrestre. ¡Imagínense qué dirían, de saberse su procedencia verdadera, los autores de los anteriores comentarios!
Por favor, eliminemos el racismo de la educación de nuestros hijos. Todos tenemos derecho a ser como somos, bien distintos y diferentes. Mientras no dañemos a los demás, podemos convivir en paz, hacernos de amigos, ayudar a construir un futuro mejor que éste, libre de guerras argumentadas por dos milímetros de tierra más acá o más allá, o porque no crees en lo mismo que yo creo, o porque no te vistes como yo digo que hay que vestirse. O, sobre todo, porque tu piel es azul y la mía verde.
Los colores del arcoiris se dibujan uno al lado del otro y juntos forman la más bella creación que ha logrado la naturaleza. Si uno falta, sencillamente no existe. Seamos como el arcoiris, que viste el cielo de colores cada vez que sale el sol después de una tormenta.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: