Martí: la educación en el amor

Martàcon su hijo José Francisco 

Cuando una persona habla de “educar en el amor”, casi siempre se piensa en la religión. Sin embargo, no tiene que ver el sentimiento religioso con una necesidad tan básica y humana como la de recibir y transmitir afecto en mayor o menor medida, ya sea ligado al sexo o no. Muchas personas se muestran preocupadas hoy día por la carencia de este sentimiento en las relaciones humanas y su transmisión a los más pequeños. Pues la capacidad amatoria se adquiere desde que uno nace, en el seno de la familia. Dicen los buenos sicólogos que a amar se aprende, como a todo en el mundo.

Ya Martí le decía a María Mantilla, su niña, que el amor no es el ansia de relacionarse que se siente a primera vista, tan frecuente en la pubertad, y aún en la adultez, sino un sentimiento fuerte que surge del conocerse y respetarse, del ayudarse y quererse. El amor nada tiene que ver con la elegancia, ni con el vestir bien, ni con llevar dinero en los bolsillos. Va más adentro, y se manifiesta en nuestro actuar cotidiano.

Los padres por supuesto, somos los máximos responsables de enseñar a amar a los hijos. No mentirles, demostrar nuestros sentimientos de manera franca, siempre con respeto. Darles apoyo y a la vez guiarlos por las sendas del bien, de la comprensión hacia los demás. Pedir perdón cuando nos equivoquemos, y así les enseñamos que cualquiera puede equivocarse: lo importante es rectificar.

En toda la obra martiana se evidencia la educación en el amor. En Nené traviesa, niña de cinco años que rompe un valioso libro durante la ausencia del padre, y éste la reprende a su regreso, ofreciéndole razones y no castigo. En Los Zapaticos de Rosa, cuando la pequeña Pilar comprende la situación de la madre pobre con la hija enferma en los brazos, y le entrega lo único que tiene en ese momento: su calzado nuevo de salir a pasear, para abrigar los piecitos febriles. En el niño travieso de los Dos Milagros, que caza mariposas para besarlas y soltarlas de nuevo; no para dañarlas. En La Muñeca Negra, cuando Piedad rechaza a la sofisticada y novedosa rubia -supongamos una versión contemporánea de Barbie– por su amada compañera de trapo en sus noches de sueño: la negra Leonor, que conserva sus huellas de besos y abrazos infantiles sobre la tela gastada. Eso es amor. Y eso es educar.

La lectura de la obra de Martí para el público infantil, no debe esperar por la escuela. Esta autora sugiere introducirla en cuanto se presente oportunidad. Mientras más temprano, mejor. Nunca será tarde para inculcar en nuestros hijos, como diría Benito Juárez, “el respeto al derecho ajeno”, que indudablemente “es la paz”. Y con la educación en el amor se puede llegar a la paz. El Planeta la necesita.

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Una respuesta to “Martí: la educación en el amor”

  1. Juan C Says:

    Amiga te invito a visitarme hay un post relacionado con tu artículo
    Saludos
    J Carlos


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