El Día del Idioma

Obra del pintor cubano Alan Manuel González Cuando falta apenas una semana para el final de abril, tenemos este día singular que nos permite recordar a dos grandes personalidades de las letras: Cervantes y Shakespeare. Y también nos permite reflexionar cuánto hacemos por cuidar nuestro idioma, quienes tenemos a nuestro cargo a los encargados de hacerlo perdurar en un futuro no muy lejano.

 

Pues este cuidado comienza desde la más tierna infancia. No implica solamente evitar palabras soeces y de dudoso significado ante una situación que supuestamente amerite su uso, según los filólogos más liberales; sino también impedir el tratamiento ñoño y tonto de los vocablos contantes y sonantes de la lengua española.

¡Cuántas veces escuchamos a las abuelas decirles a los pequeños: “Ponte el papato”, en vez de zapato; “Dame un becho”, en lugar de beso; y así sucesivamente! Añadimos aquí el excesivo empleo de los diminutivos, al punto de que hay niños y niñas que diferencian la palabra en cuestión, de su achicamiento, incluso respecto de su significado. Y como tal, lo rectifican luego a los mismísimos maestros. Conocí a un pequeño que atribuía un contraste inverso a jabón y jaboncito. Al corregir a una vecina, le aclaraba que el primer vocablo se refería “a un jaboncito grandísimo”…. Sin comentarios.

La música vocal tampoco ayuda mucho a la belleza del idioma ni a la educación de las más jóvenes generaciones. Proliferan en los géneros bailables las letras groseras, de burdo sentido lineal y “cero” imaginación; como si quien moviese el cuerpo no poseyera un cerebro digno de mejores construcciones verbales. Parecieran acabarse las metáforas en la canción cubana, sea cual sea el género. Incluso las graciosas, picarescas, ocurrentes, ingeniosas; tan comunes en décadas anteriores en el son cubano. Escasean los recursos; y parecieran también escatimarse la inteligencia y la creatividad. Pocas excepciones ofrecen un oasis de sagacidad y agudeza intelectual en los ritmos actuales. Este fenómeno no solo atenúa el gusto por el género musical del cual se trate, sino que llega a provocar hasta el rechazo, como es el caso del tan mentado “reguetón”, que ha llegado a convertirse en un verdadero reguero de vulgaridades sin ton ni son; palabras, muchas de ellas no aptas, para ser repetidas por menores a quienes no corresponde aún el inicio de una vida sexual activa, pero además con contenido agresivo y violento, sobre todo hacia la figura de la mujer. Así, encima de afear literalmente el idioma, crean una conciencia de abuso y dominio arbitrario de un género sobre otro, alentando patrones nocivos y errados de convivencia familiar y de relación de pareja.

La lectura, importante desde la más tierna infancia.Llamemos la atención en todo caso, no solamente de instituciones culturales, muchas de las cuales ya manifiestan una intención expresa de mitigar tales manifestaciones de un arte que no es tal; sino, y más importante aún, de padres y maestros; responsables de la música que se difunde en cumpleaños y fiestas escolares. Solamente unidos en esta labor lograremos alzar una vez más el hermoso idioma con que contamos para comunicarnos los sueños y proyectos, nuestros sentimientos y enseñanzas, un esfuerzo que las generaciones venideras nos agradecerán.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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