
Jugando en la calle.
Vuelve Cristian a mi puerta. Tiene más o menos la edad de mi hijo. Viene buscando siempre algo, maravillado por los juguetes regados por la casa, la mayoría rotos o viejos de tanto uso; por los lápices de colores, y hasta por esos otros juguetes que inventamos entre todos, con cajas e imaginación.
Sus juegos son destructivos. Si es a los carros, hay que chocarlos hasta romperlos. Si es a la pelota, la tira con una fuerza bestial contra los muros, mezcla de rabia, envidia y resentimiento, deseando reventarla. Leer el resto de esta entrada »









