La infancia es un arcoiris de sueños, fantasías, conflictos, aprendizaje, experiencias…. Cada una de estas fases ocupa un color, pero indudablemente la gama de los azules pertenece a la ternura.
Esto lo comprendí cuando mi pequeña hija coloreó con trazos de crayola azul toda una hoja en blanco. Cuando le pregunté qué hacía, me dijo: “-Un arcoiris”. “-Pero es todo azul….”-repliqué. Me miró exasperada, como miraría el Pequeño Príncipe a Antoine de Saint-Exúpery, el piloto adulto, para decirme luego, meneando la cabeza: “-Nunca entiendes nada: ¡es la parte azul del arcoiris!
Así es: es la parte que muchos adultos perdemos de vista al crecer. Porque “Siempre es grande el hombre que nunca pierde su corazón de niño”. Y esto lo dijo José Martí.

