La Higiene contra la Tuberculosis y otras infecciones importantes

Niña doctora

Niña doctora

El 24 de marzo es fecha memorable por el descubrimiento del doctor germano Robert Koch, el mismo que dio su nombre al bacilo infector que ha segado millones de vidas en la historia humana, y hoy aún es la segunda causa de muerte en el mundo.

A pesar de la vacuna BCG que tienen puesta todos los niños cubanos, en estos tiempos se ha descuidado la higiene, con el cuento de que “de algo se tiene que morir uno, no?” Y así mismo pasa, llega la terrible enfermedad, la muerte y para muchos niños y niñas, la orfandad o el contagio.

Recuperando medidas higiénicas sencillas y llevaderas pueden evitarse muchas infecciones, no sólo bacteriales sino también virales o peligrosas parasitosis: solo basta con querer hacer, y no pintarnos de valientes, de tremebundos, de inquebrantables paladines de salud, cuando sabemos que nuestro cuerpo es una de las posesiones más vulnerables que existen.

En primera, reconocer de una vez y por todas que hay artículos de uso personal, eso quiere decir que no importa que seamos familia, amantes, esposos: los pañuelos, los vasos de agua, los cubiertos, el papel sanitario, la ropa, sobre todo la interior, no son artículos prestables; mucho menos a los niños, así sean nuestros hijos. Cada cuerpo tiene reacciones distintas, y lo que algunos soportan o dejan pasar, en otros se arraiga.

Lavarnos las manos cuando acabamos de llegar de la calle, de un paseo, de la escuela, del trabajo; y sobre todo antes de manipular alimentos. No meternos las manos en la boca, ni comernos las uñas, que dicho sea de paso, hay que mantener limpias. Bañarnos a diario. Limpiar nuestro hogar. Fregar bien los cubiertos y platos, y nunca comer donde otro lo ha hecho antes. Toser y estornudar con un pañuelo a mano o tapándonos la boca y la nariz para evitar pasar la infección a otra persona, y al hacerlo, voltear el rostro, lejos de nuestros interlocutores o los paseantes que nos rodean. Esto también es de buena educación, muestra consideración y respeto hacia los demás seres humanos.

No son exageraciones simples. El cuerpo necesita de cuidado. El nuestro y el de los demás. Mientras estamos sanos no podemos extralimitarnos ampliamente; pues cuando enfermemos, cosa que puede suceder en cualquier momento, vendrá la angustia y el desasosiego. No es tan difícil cuidarse un poquito: a nosotros mismos y a nuestros hijos.

Otra cosa: los anticuerpos no se cogen en el suelo. Son partículas que fabrica el cuerpo dentro de sí con vistas a su defensa. El sistema inmunológico no es un músculo para estirar a ver cuándo se rompe. Para entrenarlo están las vacunas que contienen agentes inactivos o poco activos. Lo que se atrapa en el suelo o con manos sucias son las infecciones. Como nos dice nuestro amigo, el doctor Cañete: “Mira las suelas de tus zapatos: te sentarías sobre ellas, las manosearías, les pasarías la lengua?” Ningún general entrena a su ejército lanzándolo directamente contra el enemigo.

Podemos jugar con los infantes sin sentarnos o acostarnos en cualquier parte. Enseñándoles las normas de higiene elementales evitaremos que se enfermen de cualquier catarrito pero también de enormes y penosos males. Como la tuberculosis.

Gloria a Robert Koch en este día. Y a Alexander Flemming, por supuesto. Al descubridor y al sanador. Gloria eterna.

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