En este calurosísimo verano de Cuba, la visita al Zoológico de 26, ubicado en la Ciudad de La Habana, es una grata opción para toda la familia, por las oportunidades que ofrece a los pequeños de ver de muy cerca los animales, o como se dice popularmente usando el argot de los medios: en vivo y en directo. El entusiasmo y el interés de los niños son tanto más grandes cuanto más pequeña sea su estatura. Ellos son quienes más disfrutan de este contacto con una hermosa naturaleza que acoge desde la entrada misma.
Las ofertas gastronómicas son variadas, con el ticket de la entrada se puede consumir una cuota mínima de galletas dulces y de soda, chambelonas, refresco, y más adentro está la pizzería, con más platillos para degustar.
Funciones de payasos, parque de diversiones y un divertido trencito que pita extraordinariamente fuerte llamando a gigantes y enanillos, son otras excelentes variantes para el mayor disfrute del parque, abierto desde las 10 de la mañana.
La esencia del Zoo de 26, como muchos llamamos a este céntrico lugar de esparcimiento, siguen siendo las diversas especies, aunque se extraña la presencia del elefante bravucón que una vez nos dio una ducha con su trompa a mi padre y hermanos, allá por los ochentas. Tampoco se ven jirafas, y ambos son animales muy buscados por los peques, con el fin de atestiguar su existencia, muy promocionada en animados y películas de aventuras.

Oso pardo del Parque Zoológico de 26, en La Habana, Cuba. En rojo, los desperdicios lanzados por visitantes irresponsables.
Otro problemilla es la limpieza de las jaulas, pozos y demás lugares donde se encuentran albergados. No bastan los letreros de advertencia para quienes no están muy acostumbrados a cumplir con la disciplina cívica de cuidar la naturaleza y proteger la fauna y la flora. Se ven botellas vacías, pomos plásticos y potes de cartón que contuvieron jugos y yogures, así como trapos viejos; todos elementos que pueden ser devorados por los inocentes cuadrúpedos o bípedos, y posteriormente causarles enfermedades o la misma muerte.

Zorzal tomando el sol en el Parque Zoológico de 26, La Habana, Cuba. Pensamos que había caído de un árbol, pero levantó el vuelo tranquilamente al acercarnos.



Julio 14, 2008 a las 4:34 pm
Recuerdo, de cuando era niño, que una critica inoportuna podía malograr la mejor diversión, pues mi atención se dirigía exclusivamente hacia lo censurado. Perdía sentido el entorno y solo sobrevivía el detalle incorrecto.
Digo esto porque una vez mis padres me llevaron al Cinecito y no había aire acondicionado.
Pese al cartel de advertencia y a la posibilidad de la asfixia, quise entrar. Recuerdo que yo estaba super entretenido con los comics.
De pronto un comentario, un simple grito en la oscuridad: ¡Qué calor, caballeroooo! y desde diversos puntos del cine comenzaron a repetirse las quejas por la alta temperatura, como un eco. Dejé de prestar atención a la película y tuve deseos de irme. Se me echaron a perder los munequitos.
En este artículo, la autora nos indica deficiencias del Parque, pero lo apunta con una elegancia que no quita los deseos de visitar el lugar,sino de recrearse con el entorno. Indicios de la actividad humana indisciplinada y antisocial, pero sin anular los deseos del lector de visitar el Parque Zoologico de 26.
Otro aspecto molesta sobremanera, el perenne olor a café tostado existente. Podrá eliminarse algún día?
Octubre 26, 2009 a las 12:20 am
que lindos animales lo malo es como lo tienen encerrados en algunos zoologicos sus espacios son muy pequeños
Octubre 26, 2009 a las 12:22 am
como es que lo tienen encerrados es li do poder verlos hay lados buenos y malo