Madre de hijo enfermo.

El Doctor House salió de la sala donde yacía una joven en estado comatoso de una enfermedad mortal. Acababa de conversar con la madre de la enferma en términos técnicos de medicina. Al salir, uno de sus ayudantes le preguntó si no iba a comprobar los datos, si se iba a quedar solamente con la información proporcionada por la señora. El Doctor House le respondió apenas: “Es madre de hijo enfermo: la ha cuidado toda su vida, la conoce mejor que nadie, ha investigado, sabe más que un médico, no necesito más datos que los que me dio.”

No por gusto traigo la anécdota, extraída de uno de los capítulos del famoso serial televisivo norteamericano que ensalza la labor de quienes visten honrosamente las batas blancas. Oficio sacrificado y nada grato, siempre digno de mérito. Y acertada clasificación esta del personaje protagónico, para quienes estamos sufriendo o hemos sufrido igual situación. Sólo la madre de hijo enfermo se prepara mejor que un especialista, pues los motivos son más acentuados que el apremio por las ganancias de la profesión o una pretendida misión mesiánica: se trata de salvar a toda costa el fruto de su propia vida, lo que es parte de ella.
Hace unos meses compartí un banco del parque adonde llevo a mis hijos y sobrinos, con una integrante de esta tipología extrema de la maternidad, y digo así pues ninguna mujer es capaz de imaginarse hasta dónde puede llegar realmente su conocimiento, su entereza, su disposición, su arranque, probado al límite en este tipo de contexto. La madre que me acompañaba tenía un niño fibroquístico. Más menudo que los de su edad, muy pálido, delgado, ojeroso. El cabello ralo y opaco. Lo estimuló a jugar cariñosamente y el niño se marchó de su lado. No lo perdía de vista; sin embargo, lo dejaba hacer. De inmediato comenzamos la conversación, donde me enteró de su situación. El país corría gratuitamente con toda la atención médica: los ingresos, los sueros, las medicinas. Y ella conocía de todos y cada uno de los tratamientos por los que había transitado junto a su hijo. Describió el estado de cada enzima, de cada medicamento, del pequeño páncreas afectado, mejor que un especialista en bioquímica. Del sudor, de sus olores, de cada variación que percibía.
Es así una madre de hijo enfermo. Cuando se besa y abraza al niño se le huele también. Una simple demostración de amor pasa a ser entonces una eficaz manera de detectar anomalías. Cualquier cambio es tenido en cuenta: la coloración y textura de la piel, la raíz del cabello, los ojos en su expresión y matiz. Se conocen primeros auxilios, métodos de inspección para el estado de la enfermedad: dónde tocar, cómo tocar, qué hacer si hay dolor, temperatura elevada o cualquier otra señal. No tiemblan las manos al preparar los medicamentos orientados, aún sabiendo los efectos secundarios probados y desconociendo los posibles. Se traga en seco luego, se vela toda la noche, se duerme a su lado si hay que hacerlo. Cualquier movimiento te despierta a cualquier hora. Vives por él y para él. O ella. Y lo más importante y difícil: no demostrar angustia ni desasosiego delante del pequeño o la pequeña afectados: esto los dañaría más. Hay que ser un roble, al menos delante del hijo….
Sólo una madre de hijo enfermo sabe de lo que hablo. Ojalá no tuviera que existir por fuerza esta categoría “housiana”; sin embargo, no somos el centro del universo, sino minúsculos e invisibles puntos movidos por ese estado misterioso de la materia que llamamos vida. No es un castigo la enfermedad de nuestro hijo, por haber actuado mal en tal o cual ocasión; tampoco por pertenecer a esta o aquella religión o secta. La fe ayuda a mantenerse en pie, cierto, pero siempre al lado del medicamento y de la atención necesaria, generalmente imprescindible, de un buen especialista. Y esto lo tenemos que saber y aplicar porque de ello dependerá la vida o, al menos, el bienestar de nuestra débil prole.
Todos los seres humanos estamos preparados sicológicamente para desaparecer antes que nuestros retoños, y no al revés. Ellos son nuestro relevo biológico. Sin embargo, hay veces que esto no resulta según los planes de la naturaleza, y solo queda la esperanza, que alguien visitó de verde como las plantas, como la hierba, como todo lo que nace y muere silvestre, sin preguntar más. Pero la razón se rebela siempre. Quiere luchar, y lo seguirá haciendo hasta encontrar las curas de todos los males. Sigamos entonces profundizando en el conocimiento, ayudando a los médicos, a esos doctores que nos reconocen más sabias, por la razón enorme de ser madres de hijos enfermos.

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Publicado en Family, infancia, niños. Etiquetas: , , , . 7 Comments »

7 comentarios to “Madre de hijo enfermo.”

  1. Antonio Fontela Says:

    Muy interesante la valoración que Alina hace acerca del comportamiento de una madre con su hijo enfermo. La actitud “Housiana” marca uno de los múltiples campos que cubre la actividad materna. Pero como sucede en toda actividad: hace falta no solo ser madre sino MADRE para cumplir esta labor.

  2. Nunca se vayan a dormir enojados Says:

    Hola, creo que te entiendo bien. Mi hermana de 26 años tiene un pequeño de 3 al que le diagnosticaron leucemia hace menos de 3 meses. He visto el camino que recorren juntos…

    Ojalá ese pequeño, mi sobrino y todos los niños que sufren alcancen la salud tan añorada.

    Saludos!

  3. VIVIANA Says:

    Entiendo perfectamente a esa mama, yo tengo unadolescente de 15 años con fibrosis hepatica congenita, y que dificilisima etapa para los dos. Dificil sin enfermedad, torturante con ella. Una trata de fortalecerlos y cuidarlos a la vez, ellos reclaman independencia. La enfermedad siempre recuerda su existencia.

  4. VIVIANA Says:

    Mi hijo con Fibrosis y yo peleamos por cada limite que le pongo, su adolescencia y los riesgos de la noche son un fantasma que torturan.La sociedad NO esta preparada para estos chicos. Muy dificil esta etapa.

  5. Soniavillatoro31@yahoo.com Says:

    Entiendo el sufrimiento de todas las madres que sufren por la enfermedad de un hijo, yo estoy pasando lo mismo: mi hijo mayor tiene leucemia y ha sido un golpe muy duro para mi y mi esposo y para mis dos hijas pero tengo la fe en Dios que mi hijo se va a curar y espero lo mismo para todos lo niños que sufren que Dios los va a curar, hay que tener mucha fe en Dios.

  6. maria Says:

    LA VIDA ME CAMBIO CON EL DIAGNOSTICO DE UNA ENFERMEDAD INMUNOLOGICA QUE TIENE MI HIJA…SI ES CIERTO LO QUE DICE DR. HOUSE…EL EXPEDIENTE QUE YO LLEVO DE ELLA ES MUCHO MAS AMPLIO Y COMPLETO QUE EL QUE HAN TENIDO EN LOS HOSPITALES DONDE LA HAN VISTO….SE SUFRE, DA MIEDO..PERO TMB DA FELICIDAD UN BUEN RESULTADO DE LABORATORIO.

  7. matiluz Says:

    Es conmomedor y real


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